Gijón, Mario D. BRAÑA
Un buen gol de Jairo y una obra de arte de Omar maquillaron otro ejercicio de impotencia del Sporting en El Molinón. Ya que no puede cantar victoria desde hace cuatro meses, la afición rojiblanca festeja por todo lo alto los golazos de sus cachorros, destinados a sostener a este equipo que no levanta cabeza. A todos los problemas anteriores el Sporting sumó ayer la falta de futbolistas de peso, sobre todo en defensa, que se quedó en los huesos entre sanciones y lesiones. El Castellón marcó dos veces de forma mucho más vulgar, pero con el mismo valor que para su rival. Un punto que, visto lo visto, sirve para dar un paso más hacia la permanencia. Los dos equipos tienen mala pinta, aunque se consuelan al comprobar que hay otros más míseros que ellos en esta mediocre Segunda.
El Sporting fue otra vez dos equipos partidos por la mitad. Le salvó el alegre e imaginativo de arriba, sobre todo cuando se juntaban Jairo, Diego Castro, Gerardo y, finalmente, Omar. Estuvo a punto de hundirle el de atrás, aunque ayer tenía coartada. Sin Samuel, Jorge y Juanmi, el equipo perdió los mecanismos que, a duras penas, protegen a Roberto. Por si fuera poco, la lesión a los doce minutos de Chus Bravo obligó a Preciado a retrasar a Míchel, con el efecto negativo que supone perder al centrocampista más solvente de las últimas jornadas.
Sin Míchel al lado Andreu parecía aún más perdido de lo habitual. El catalán no es ni la sombra del futbolista que asombró en la primera vuelta. Su nuevo compañero de línea, Marcos Landeira, aportó poco más que su físico y sentido posicional. El chaval de la cantera nunca ha vuelto a jugar con la desenvoltura y eficacia que demostró en su debut. Perdido el centro del campo, el Sporting se encomendó a los balones largos y las entradas por las bandas.
De un balón frontal al área el Sporting sacó petróleo gracias al poderío aéreo de Barral y la calidad de Jairo y Diego Castro. Una buena combinación de poderío físico y de «tiqui-taca», que rescató de las tinieblas a Jairo, un futbolista que lo tiene todo y sólo le faltan dos cosas: tiempo y confianza. Con su violento remate rompió algo más que la oposición de Oliva.
Pasa a la página siguiente