En esta recta final de la temporada se da la curiosa circunstancia de que dos clubes creados caprichosamente por quienes, por unas u otras causas, con ello querían hacerles frente a los representantes tradicionales de sus ciudades parece que están viviendo sus últimos días. Las polémicas alternativas, como suponían quienes basan los pronósticos en la sensatez, no dieron resultado porque, entre otras cosas, la invención de un club es una decisión que no lleva implícita la creación de una afición que le respalde y, por otra parte, como se dijo tantas veces, los sentimientos futbolísticos no son una mercancía fácilmente traspasable.
El Ciudad de Murcia y el Oviedo ACF surgieron con el mismo objetivo. El primero hace casi una década, lucha con cierto éxito en Segunda División, pero su propietario, Enrique Pina, está a punto de resultar ahogado por las deudas. Ahora todo apunta a que la única salida que le queda es la venta. El Oviedo ACF tuvo una vida más corta. El pasado viernes terminó una aventura de poco más de cuatro años y vuelve a sus orígenes también cargado de deudas y de despropósitos. En realidad, los pocos que creyeron en este absurdo proyecto ya comenzaron a verlo inviable cuando fracasó en su intento de ascenso en la primera temporada del cambio. En ese momento se dieron cuenta de que sus planes de un ascenso cada año eran pura ficción.
En este final de ciclo del Ciudad de Murcia y del Oviedo ACF aparece un personaje muy popular por estos predios en los últimos meses: el constructor alicantino Paco Gómez, «El Paloma». Primero, se lanza el rumor de que el actual consejo del Real Oviedo podría estar intentado comprar la plaza del Ciudad de Murcia. Lo que no se consigue desde el terreno de juego podría lograrse desde el sector administrativo. Legalmente es posible. El principal problema, difícilmente salvable en este momento, es el elevadísimo coste del producto. La experiencia que en este campo tiene el máximo accionista, Alberto González, cuando compró una plaza de balonmano para volver a dejarlo descender, no es muy válida porque, desde entonces, la ley del Deporte que contempla las sociedades anónimas deportivas desarrolló hace poco más de un año este último aspecto, el de «deportivas», que las diferencia sensiblemente de las demás. Y ahora las condiciones de las compras de estos derechos son distintas. Poco después, apareció el nombre de Paco Gómez como implicado en esta operación. No tiene sentido ya que sólo dispone del 5 por ciento de la sociedad. Pero no se puede descartar que esto sea un globo sonda para dar la sorpresa en la inminente junta general de accionistas y que participe de forma contundente en la ampliación de capital. Hay fórmulas que, al parecer, sus asesores están valorando.
Pero el último rumor apunta a que, en su afán por entrar en el fútbol ovetense, si no es viable acceder por las puertas del Carlos Tartiere podría serlo por las del Hermanos Llana. Cuando Gómez se encontró tantas trabas -en ocasiones, de difícil explicación- para convertirse en accionista mayoritario del Real Oviedo, ya anunció que trataría de establecerse en el fútbol de esta ciudad a través del Astur. A la vista de las últimas decisiones, parece que va camino de ello. Tras el abono de las deudas atrasadas a la plantilla, ¿no es sospechosa la repentina presión del representante de Gómez en la última asamblea del Oviedo ACF para apurar los cambios y unirse a la petición de dimisión del actual presidente? ¿Podría estar preparando el golpe para comprar los derechos del Ciudad de Murcia para el Astur? También en este caso hay otro problema insalvable: le faltaría la afición. Macutazos o estrategias, difícil de discernir en estos personajes.