Todavía duraba la celebración en las gradas cuando el Castellón estuvo a punto de dar la réplica. Fue la primera muestra de la debilidad defensiva del Sporting, que consintió un cabezazo cómodo de un especialista, Aurelio, que Roberto salvó como buenamente pudo. Pese a la ventaja y a la escasa entidad del rival, el Sporting no daba sensación de entereza. Por eso no fue extraño que a la siguiente llegase el empate, al juntarse la descolocación defensiva con esa pizca de suerte que da y quinta razones: el despeje de Sastre pegó en Dani Pendín y quedó a los pies de Antonio López, que cruzó el balón sin inmutarse.
Curiosamente, el empate también tuvo el efecto contrario al esperado. El Sporting se enganchó a Jairo, que jugó con tanta determinación como la calidad que todo el mundo le supone. Antes del descanso, el castrillonense estuvo a punto de desequilibrar hasta por tres veces: con una asistencia de lujo a Diego Castro, un cabezazo picado que se perdió junto al poste y una dejada de cabeza a la que no llegó Barral por centímetros.
Para lo poco que había jugado, el Sporting se fue al vestuario con la sensación de que podía ganar el partido. Sólo faltaba que Jairo y Diego Castro tuviesen un poco más de acompañamiento en su empeño continuo en desequilibrar. Pero en el segundo tiempo las cosas fueron a peor. El Castellón se dio cuenta del chollo que tenía entre manos y jugando más en equipo se adueñó del campo y marcó el ritmo.
El 1-2, de todas formas, llegó de forma inesperada y polémica, ya que Natalio se adelantó con tanta facilidad a la defensa que pareció partir de fuera de juego. El delantero tuvo todo el tiempo del mundo para superar a Roberto, que se encontró con dos goles en un partido que apenas le exigió. Faltaban poco más de veinte minutos y aquello tenía toda la pinta de dictar sentencia. El Castellón se había crecido en la medida que el Sporting se achicaba. No se veía un revulsivo por ningún lado.
Sí lo vio Preciado, que ayer tuvo premio a su habitual apuesta por el doble o nada. Aún con el 1-1, el técnico había retirado al inoperante Andreu por Omar, para darle más amplitud de miras a Jairo. El Sporting mejoró un poco por ahí y mucho más por la izquierda, donde Diego Castro encontró un socio de categoría. La irrupción de Canella reaviva el debate sobre el ostracismo del internacional, que rompió una y otra vez por su banda. Y acabó las jugadas siempre con calidad. Como en el centro que Omar convirtió en un gol de museo, al levantar el balón y, de espaldas, engatillar una chilena por toda la escuadra. Golazo y puntazo.
Viene de la página anterior