BOLOS
Lugones,
Melchor FERNÁNDEZ DÍAZ
La fe en sí mismo hizo ayer a Ibaseta campeón de cuatreada de primera categoría. Antes incluso que una bien demostrada calidad. Tuvo perdida la final varias veces y siempre supo sobreponerse. Y en el tramo final fue capaz de un sprint impresionante, al ganar seis juegos consecutivos, los últimos, incluido el decisivo. Juega en primera categoría desde hace sólo tres años y era la primera vez que disputaba la final del torneo más importante del año. Pudo con ello. Y pudo con un gran veterano como Chiruca, que ya sabe lo que es ser campeón y finalista, y que, salvo un bache transitorio en la segunda fase de la partida, se mantuvo siempre a un nivel digno de su reputación.
El resultado fue el más apretado que cabe: 14-13. Pero la partida fue más emocionante que disputada, y ello porque la emoción se concentró, sobre todo, en el final. Durante bastante tiempo pareció no tener color. Chiruca empezó muy seguro, sobre todo para el pulgar, mientras que a Ibaseta no le acompañaba la suerte en algunas bolas que merecieron más. El allerano se creció y el piloñés dio la sensación de venirse abajo. Al llegar el cambio de tirada un 7-2 favorable a Chiruca parecía anticipar su victoria, máxime al refrendar su ventaja en ese momento simbólico con su mejor juego de toda la partida, 53 bolos para el pulgar.
Cuando al juego siguiente Ibaseta no pudo con 33 bolos para la mano la sensación de que todo estaba decidido pareció confirmarse. Pero justo a renglón seguido las cosas empezaron a cambiar. Las bolas altas y muy trabajadas de Ibaseta empezaron a encontrar bolo y a cuatrear, mientras que Chiruca entraba en un claro bache, con sólo dos cuatreadas entre los juegos 13 y 16. Ibaseta se acercó hasta un 8-7 antes de dar oxígeno a su rival en el juego 16.º, al no poder con 34 bolos para la mano. Crecido, Chiruca mató de forma impresionante 47 bolos para la mano con cuatro cuatreadas consecutivas, la última por la pequeña. Y luego, tirando siempre por encima de los 44 bolos, encadenó tres juegos más, hasta ponerse, con 13-8, al borde mismo de la victoria.
Y fue entonces, cuando no se podía permitir un solo fallo, cuando emergió un arrollador Ibaseta. En los últimos seis juegos cuatreó trece bolas, mientras que Chiruca sólo conseguía cuatro emboques. En el juego decisivo, con los dos jugadores empatados a 13, Ibaseta, con una grande y dos medios, puso 47 bolos para el pulgar. Chiruca buscó la grande en sus dos primeras bolas. No la encontró. E Ibaseta pudo así franquear por primera vez, por la puerta grande de la emoción y el buen juego, la puerta de los campeones.