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El Oviedo y la justicia poética

 
Aficionados del Oviedo muestran sus pancartas en el Carlos Tartiere.
Aficionados del Oviedo muestran sus pancartas en el Carlos Tartiere. jesús farpón

PEDRO ZUAZUA en la vida no siempre triunfan los buenos, ni los que más se lo merecen. El bien no está siempre por encima del mal y los que cometen fechorías no siempre se llevan su castigo. La literatura, sin embargo, ofreció al ser humano la posibilidad de poner las cosas en su sitio, aunque sólo fuera por unas hojas. Ese buen orden escrito, ese triunfo de los buenos sobre los malos, se denominó justicia poética. El héroe de turno pasaba mil calamidades, pero al final lograba su objetivo, que, por ir acompañado de un arduo trabajo y de mucho sufrimiento, tenía un valor añadido.


Hace diez años, cualquier seguidor oviedista hubiera conocido los nombres de Caravaca, Narón y Antequera a través de un benévolo sorteo de la Copa del Rey. El equipo acudiría a la cita, muy probablemente, cargado de suplentes y de jugadores del filial, y muchos aficionados se enterarían al día siguiente del resultado. Hoy, la realidad es que el Real Oviedo se lo juega todo ante esos equipos y que la única opción posible es la victoria.


Haciendo un breve repaso a la más reciente historia del club azul es fácil darse cuenta de que la suerte no ha acompañado mucho. La muerte de dos jugadores de la plantilla, un descenso sencillo primero y uno doble, para rizar el rizo, después, una deuda con muchos ceros, un no ascenso dramático, un nuevo descenso lamentable? Hasta tal punto llegan las calamidades que en 2003, cuando los campos de entrenamiento del Requexón por fin parecían estar listos para usarse, una manada de jabalíes los destrozó. Y ahora, con un nuevo sistema de sorteo puro, que todavía es peor que el anterior, el de la tradicional liguilla, nos tocan dos de los puntos más alejados de Asturias: Caravaca y Antequera. Casi 3.000 kilómetros entre los dos.


Es el momento de rebelarse contra todo esto. El Real Oviedo no puede esperar más. Ni su historia lo aceptaría, ni la afición se lo merece. Ha llegado la hora de luchar contra esa desgracia permanente en la que estamos sumidos y para ello es vital que todos tiremos en la misma dirección durante el mes que resta de competición.


Es el momento de olvidarse de las críticas al consejo, al entrenador, al director deportivo o al jugador que mande la pelota al córner en vez de a la portería. Es el momento -exactamente 360 minutos, más descuentos- de ayudar a nuestro equipo a conseguir el objetivo. No podemos permitir, a pesar de los nervios, que lleguen esos minutos en los que los jugadores perciben las dudas de la afición. No. Creo que merece la pena dejarse el alma durante cuatro partidos, olvidarse de todo lo malo, por ahorrarnos otra temporada en una división que no es la nuestra. No podemos tener miedo de nadie. Somos el Real Oviedo.


Por historia, por los más de dos mil seguidores que se van a cruzar España dos veces en quince días para ver 90 minutos de su equipo; porque a pesar de esta travesía por el desierto somos el decimoquinto equipo en la clasificación histórica de la Liga española, porque somos el conjunto asturiano con más temporadas en Primera, porque ya está bien de mala suerte, porque estamos orgullosos, como dice la pancarta, de lo que fuimos, somos y seremos, porque volveremos. Seguro. Aunque sea por justicia poética, pero justicia al fin y al cabo.

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