JOSÉ ENRIQUE CIMA
Si de Samuel Sánchez siempre se decía que podía ganar un Campeonato del Mundo y al final logró el triunfo en los Juegos Olímpicos en Pekín, victoria de la que está a punto de cumplirse un año, que tiene más valor porque es un título que dura cuatro años, algo similar pasaba con Carlos Barredo porque se pensaba que tenía opciones de ganar una clásica. Y después de tanto perseguirla ganó una, y de prestigio. Se trata de una de máxima categoría como es del Pro Tour y encima es de las duras, y después del Tour de Francia, y es la única grande que tenemos en España.
El gijonés fue ese corredor con instinto «asesino» desde la salida que buscaba estar al lado de los grandes para dar el zarpazo en el tramo final. Y encima, como la lluvia apareció con fuerza en el tramo decisivo de la subida y bajada de Jaizquíbel, Barredo estuvo atento en la subida a todos los movimientos y luego como gran bajador, esa fama la tienen mucho los asturianos en la historia de las dos ruedas, se lanzó a tumba abierta a buscar la gloria.
De momento se encontró una fuerte caída, pero en esta jornada Barredo podía con todo, se levantó como un gamo para meterse de nuevo en los contraataques con Fedrigo primero y, sobre todo, con Luis León Sánchez. El murciano había ganado una etapa en Francia haciendo mucha labor de despiste con los rivales en la fuga y ahorro de energía para en los últimos metros de la fuga aprovecharse y ganar como campeón.
Ayer, el gijonés sabía que tenía poco que hacer con Luis León Sánchez en caso de llegar al sprint y por eso en la escapada tiró, pero tuvo temple para guardar fuerzas y, aunque les cogieron a falta de dos kilómetros, aún tuvo recursos para contraatacar, unirse al checo Kreuzigen y luego llevarse la gloria de la Clásica de San Sebastián.
Se puede decir que Barredo hizo en la Clásica de San Sebastián como Luis León Sánchez en la etapa triunfal en Francia, y por eso se llevó el gato al agua el gijonés. Carlos actuó estratégicamente como hacia de juvenil, cuando logró buenos triunfos. Ahora éste tiene mucho más mérito porque estaba agobiado por no haber conseguido el triunfo de etapa soñado en el Tour y, sin embargo, templó los nervios para sacar la mayor tajada.
Tácticamente fue un monstruo, y el día de mañana a nadie le podrá sorprender que nos dé incluso la gran alegría de ganar un Mundial porque tiene clase, cualidades y condiciones para vencer en clásicas. Ayer lo refrendó de forma magistral y ante los mejores especialistas. De hecho en su carrera deportiva apostó por irse al Quick Step porque quería ser un clasicómano; ahora ya lo es, y de los más grandes.