Oviedo, M. D. B.
José María Calzón se reconfortaba ayer, en la lejana Florencia, con el recuerdo de su última visita a Asturias, en junio. «Estuve en la fiesta de mi pueblo, San Antonio, y lo pasé de cine. Comí muy bien y me permití el lujo de dormir con dos mantas», señala Calzón, que pese a llevar más de medio siglo en Barcelona se considera asturiano. «En casa lo tienen asumido, aunque no reniego de Cataluña, entre otras cosas porque de allí son mi mujer y mis hijos».
Futbolísticamente, al margen del Espanyol, Calzón se declara oviedista, «quizá porque cuando me empecé a interesar por el fútbol el Oviedo tenía jugadores como Carlos Gomes o Sánchez Lage, que sonaban más». No le gustaría jubilarse sin conocer el nuevo Carlos Tartiere, por lo que hace votos por la progresiva recuperación deportiva del equipo azul.
En sus 30 años como delegado ha conocido a cientos de futbolistas, para los que ha sido un apoyo fundamental. Jóvenes como Dani Jarque, para el que sólo tiene buenas palabras: «Cuando muere alguien se suele poner por las nubes, pero en el caso de Dani es verdad. Era un 10 como persona».