Astorga (León), Víctor RIVERA,
enviado especial de
LA NUEVA ESPAÑA
Astorga (León), V. RIVERA
El intenso calor de Astorga estuvo a punto de fundir al Sporting. Los de Preciado acusaron la altas temperaturas y durante muchas fases del encuentro parecieron un equipo ahogado. El mal estado del terreno de juego no ayudó en nada a mejorar las prestaciones de los rojiblancos. Sólo a partir del gol y hasta el descanso, el Sporting se gustó y marcó las diferencias existentes con un equipo de Segunda División. Un buen equipo, eso sí, que elevó la exigencia de los rojiblancos.
El encuentro de ayer sirvió para confirmar algunas sensaciones que ya se habían apuntado durante el verano. Por ejemplo, que Juan Pablo, una vez superados los nervios de actuar ante su familia y amigos, es una alternativa de garantías para Cuéllar. El leonés presentó sus credenciales con una enorme estirada tras un cabezazo de David García a la salida de un córner. Gregory y Botía mantuvieron la firmeza defensiva de anteriores actuaciones, mientras que Marcos Landeira sigue ganando protagonismo desde que aceptó jugar en el filial.
Las cosas funcionaron bien hasta el centro del campo. El Sporting controló sin demasiados problemas a un Las Palmas que dominaba, pero no pegaba. El atasco llegaba a la hora de mirar hacia Pindado. Rivera pierde muchos enteros cuando Preciado lo sitúa en la mediapunta. El técnico tiene que meditar muy a fondo si merece la pena perder a su mejor centrocampista, teniendo opciones como Kike Mateo. De las Cuevas apenas desbordó y Barral hizo la guerra por su cuenta. El gaditano tuvo una gran ocasión tras recibir un envío de Sastre, pero se entretuvo demasiado y no llegó a rematar cuando estaba solo ante Pindado. David García llegó por detrás y le arroyó en un claro penalti. Rivera mostró su jerarquía, se hizo con el balón y ejecutó un lanzamiento impecable para marcar su primer gol como rojiblanco.
Los canarios empataron en una acción extraña en la que el polémico árbitro señaló unas manos de Gregory en el área, cuando el balón ya había entrado en la portería de Juan Pablo. Miguel García firmó las tablas de penalti. Y con él, pareció firmarlas el resto de futbolistas. Ni siquiera cuando el Sporting se quedó en inferioridad por una niñería de Bilic, que dejó al equipo con diez a los tres minutos de saltar al césped, el encuentro ganó en interés.
Tan sólo en los minutos finales Las Palmas quiso irse a por el partido, pero sin inquietar apenas la portería rojiblanca. Sin embargo, fue el Sporting quien supo rentabilizar una acción de estrategia para llevarse la victoria. Barral peinó el balón, y David García y Botía al alimón lo mandaron a la red. Ya con el tiempo cumplido, el gaditano dio la puntilla al remachar un disparo defectuoso de José Ángel. El duelo de ayer dejó pocas conclusiones futbolísticas y vendrá bien, eso sí, como importante carga de trabajo para los futbolistas. El Sporting sumó un nuevo triunfo y sólo le marcaron de penalti.