Primera derrota en Segunda B de un Oviedo todavía con el chip de Tercera. Un equipo preocupantemente frágil en defensa y alarmantemente ausente arriba. Los azules recibieron un gol en el primer minuto y jamás se repusieron. Dominaron al final del primer acto, pero salvo en ese momento se vieron superados en todo. Dos córneres mal defendidos finiquitaron el partido. Pelayo acabó expulsado en el minuto 88.
Tardó el Oviedo un minuto y medio en darse de morros contra la esencia de la categoría. Esto es: primera posesión y patadón arriba del central Jorge sobre el delantero Souto, disputa con Dani Hedrera y balón a córner. El saque de esquina acaba en un barullo dentro del área que el más avispado, Alain, empala a la red libre de marca. Sopapo repentino y final a los asturianos. Ahí empezó y acabó todo.
Porque, salvo las novedades en el once, nada interesante se puede contar de los azules, ayer de amarillo, durante la primera media hora. Rayco de única referencia arriba; Pelayo, en el centro con Curro, y el debut de Gonzalo fueron las novedades principales.
El caso es que los asturianos pecaron de tibios y se dejaron amedrentar por la fuerza y el tempranero tanto de su rival. La incesante presión de los alcarreños desactivó a Curro y la creatividad oviedista. Sin ella, sin el balón, el Oviedo se pierde. Y perdido estuvo media hora en la primera parte y casi toda la segunda, sin dar señas de vida, ni en ataque, ausente completamente; ni en defensa, blando e inseguro. No le quedó más que sacudirse del agobio de su rival, un equipo fuerte y organizado, sin grandes florituras, al que le bastó con ser compacto y tener carácter para superar en todo a un Oviedo sorprendentemente inexperto y trivial.
Los azules, con nada, estrellaron dos balones en el travesaño y tuvieron sus momentos, muy esporádicos, pero los tuvieron. Fue al final del primer acto y al principio del segundo, cuando Pelayo estrelló una chilena en el larguero y Curro una falta en la escuadra. Salvo eso, un par de cabezazos desviados y un error clamoroso de Manu Busto, que no supo definir dentro del área en una inmejorable ocasión, el Oviedo se dedicó todo el encuentro a defenderse (mal), a correr tras el balón y a estrellarse contra el muro alcarreño incapaz, por su poca y preocupante falta de presencia arriba, de superarlo una sola vez. Aulestia se compadeció de su defensa y evitó males mayores con buenas intervenciones, pero no pudo hacer nada en el minuto 71, cuando, nuevamente en el saque de un córner, Souto se encontró otra vez solo para remacharle a placer. Otra jugada pésimamente defendida y otro jarro de agua fría. Ése es el precio de los errores en Segunda B.