Miguel L. SERRANO
Para el devoto Kaká es importante el más allá. Su Madrid, por ahora, gana por ganar pero él no se conforma. Su esencia se llama fútbol y se empeña en demostrarlo cada vez que agarra el cuero. Sabe el brasileño que hoy su equipo vive de la pegada, pero se resiste a prolongarlo más. Él va más allá; él juega, hace jugar. Y tiene la obligación del apostolado. Hasta la fecha, pocos de sus compeñeros le acompañan. Simplemente cumplen, están ahí. Pero Kaká es diferente porque quiere que la cosa sea diferente. Y lo quiere desde ya.
Dos chispazos suyos acabaron ayer con un Espanyol endeble y un tanto servil. Dos asistencias exquisitas para encauzar un encuentro sin mucha historia, fácil para un equipo con la exuberante pegada del Madrid. Kaká alumbró el camino y adornó con su recital lo que era otra victoria sin más de los blancos.
Pellegrini sentó a Raúl y, por si acaso, también a Cristiano y a Lass. Alineó por ellos a Granero, Higuaín y Guti. Y no le fue del todo mal al técnico chileno. Los canteranos, debutantes como titulares, marcaron los dos primeros goles, ambos a sendos pases de Kaká. Cristiano Ronaldo, sobre la bocina, hizo el tercero y aplacó su ansiedad.
A los dos equipos les torpedeó el pésimo estado del césped del nuevo Cornellá y al balón le costaba rodar. El Espanyol dominó el primer acto, y achuchó a su rival, más por oportunidades que por posesión. Moisés, Verdú y Tamudo fallaron ante Casillas de forma clara, de igual manera que Metzelder erró clamorosamente ante Kameni un rechace de un córner al principio del todo. El portero camerunés le sacó a Marcelo una mano prodigiosa (min. 34) justo antes de que Kaká diera paso al fútbol.
Fue una simple pared con Granero en la frontal. En esa combinación se reunieron todos los ingredientes que componen la personalidad que busca este nuevo Madrid: rapidez, precisión y mucha calidad. Fútbol, en definitiva. La devolución de Kaká destiló tanta elegancia y tanta clase que Granero supo que no podía fallar. Ajustó su disparo y gol.
En ventaja, el Madrid se convenció peligrosamente de su triunfo y dejó pasar el tiempo. Pochetino dio entrada a De la Peña y Coro en el descanso para tratar de reaccionar, pero, sorprendentemente, salvo alguna improvisación de «Lo Pelat» y un disparo de Coro, los locales apenas amenazaron a Casillas. El equipo de Pellegrini se sintió más cómodo tras la reanudación y no le costó frenar a su rival. Mejoró el aspecto defensivo aunque quizás echó en falta la agresividad y la intensidad del pegajoso Lass.
Los blancos, ayer de negro, se colgaron de la zancada de Kaká y se acomodaron en la idea de salir a la contra, si bien les costaba horrores finalizar las jugadas. Avanzado el período aparecieron Cristiano y Raúl y después Lass para airear a su equipo. Con ellos en escena respiró el Madrid y se estimuló nuevamente Kaká. Esta vez fue Guti el que recibió solo tras una excelso doble regate del brasileño en el área. El de Torrejón sólo tuvo que empujar, fácil.
El asunto, con el Espanyol rendido y fatigado, era coser, cantar y esperar al pitido final del árbitro. Minutos intrascendentes para todos, menos para Cristiano Ronaldo. El portugués, un tanto angustiado, apareció con ganas en cada acción y, al final, reforzó su moral al anotar su primer tanto oficial con el Madrid sin ser a balón parado. Ganó el Madrid, jugó Kaká.