La segunda parte fue otra cosa porque era lo que tocaba. El Sporting se lo tomó con más calma y el Almería, con un espíritu más atacante. Pero el equipo de Hugo Sánchez ha perdido la contundencia que le dio tantos puntos en la etapa de Emery e, incluso, con la llegada del mexicano. Ya no es sólo la falta de Negredo, una pérdida irreparable para un equipo modesto. El Almería ha salido malparado con todos los cambios. Los laterales chirrían en defensa y no se dejan ver en ataque. En la media, Soriano apenas encuentra ayuda en Bernardello. Y sin suministro, o bien tapados por el rival, Juanma Ortiz, Corona y Crusat parecen muy poco.
Hugo Sánchez recurrió en el descanso a la garra y a la velocidad de Piatti, pero no fue suficiente. El Sporting supo contrarrestarlo con colocación y ayudas. Ahí volvió a agrandarse la figura de Rivera, que cambió el chip ofensivo por el de la contención. El ex bético estuvo igual de sobresaliente, demostrando que no hace falta ser un portento físico para robar balones o entorpecer el juego rival. Y donde no alcanzaba Rivera aparecía Botía, solvente por arriba y por abajo. O Lora, que sólo sufrió por su vocación atacante, incluso con ventaja en el marcador.
El Almería acabó la primera jornada lamentando su ceguera ante la portería contraria después de contar un puñado de oportunidades frente al Valladolid. Ayer sólo pudo echar mano de una verdaderamente clara. Fue en el único desborde de Juanma Ortiz por la derecha, con un centro que llegó a la cabeza de Kalu Uche. El nigeriano picó hábilmente hacia el poste izquierdo de Juan Pablo, que se quedó mirando impotente. El balón se perdió por un palmo y el Sporting aprendió la lección.
Al sportinguismo le vino bien el segundo tiempo para poner los pies en la tierra. En buena lógica, el futuro de su equipo será más parecido a lo que ocurrió tras el descanso. Partidos a cara de perro, saltando chispas en cada disputa de balón e incertidumbre hasta el final. En cualquier caso, bastante menos que la temporada pasada, cuando cada balón al área era una invitación al infarto. La mejor prueba es que Juan Pablo no tuvo más trabajo que descolgar los centros que enviaba el Almería sin mayor intención.
El desenlace pudo ser aún más placentero si Barral hubiese aprovechado el enésimo regalo de Cisma. El lateral le entregó el balón cuando su equipo estaba descolocado, pero el delantero optó por un remate desde el borde del área que se perdió por poco. El Sporting no volvió a fabricar una oportunidad hasta la recta final, cuando Luis Morán reactivó la banda derecha. Por allí se dejó caer Diego Castro para entrar en el área con la decisión que lo caracteriza y, después de trastear a los centrales, mandar un tiro enroscado que se le marchó por poco.
Unos minutos después, Castro dejó su sitio a Diego Camacho para inyectar más cemento al armazón defensivo del Sporting. Suficiente para alcanzar el pitido final sin problemas. Esta vez, Preciado no tuvo que lamentar más error que una pérdida de Canella en la esquina del área sin mayores consecuencias. Por lo demás, su equipo defendió correctamente ante un rival que tampoco daba mucho de sí. Un equipo, en cualquier caso, que juega en la Liga del Sporting.