ÁLVARO FAES
Con el libro de las estrategias en la mano, Lewis Hamilton quería dar los últimos coletazos europeos en una temporada para olvidar en McLaren. Lo mismo pensaron en Ferrari con Kimi Raikkonen y por eso a ambos les prepararon una táctica a dos paradas. Con el coche cargado nunca podrían haber estado delante, de ahí la solución anti Brawn por la que optaron. Funcionó el sábado y los dos monoplazas pudieron encabezar ayer la parrilla -lo mismo hicieron con Sutil en Force India-, pero el peso de la lógica acabó del lado del equipo inglés. Cuarto doblete de la temporada, segunda victoria de Barrichello, y Button otra vez en el podio después de cinco carreras perdido en la tristeza de la zona media. Una nueva dimisión de Red Bull en su papel de alternativa al campeonato deja el título en manos de los dos discípulos de Ross Brawn. Sería una catástrofe que Button y Barrichello no se disputasen entre ellos los honores de su primera corona tras muchos años en la Fórmula 1.
El primer agradecimiento de Barrichello fue para los chicos del garaje, que se pasaron media noche investigando en la caja de cambios hasta dejarla en perfecto estado de revista. Ahora Button le toma catorce puntos al brasileño. De momento, sonrisas en el campamento del equipo inglés. Las cosas se empezarán a poner serias con el salto a Asia, cuando el final del campeonato esté cada vez más cerca y llegue la hora de la verdad.
Con mucha carga de gasolina, los dos coches de Ross Brawn supieron aguantar el tipo cuando eran más pesados. Rodaron incrustados entre los sorprendentes Force India hasta que los rivales fueron cayendo de maduros porque la luz de reserva en el salpicadero obligaba a pasar por el garaje. El paso de las vueltas despejó las dudas.
En el trigésimo giro los Barrichello y Button ya habían cumplido con su único paso por casa. Hamilton lideraba, pero no pasaba de los 21 segundos de ventaja ante el inglés, menos todavía respecto al brasileño. Así que no le quedó más remedio que entregar la cuchara cuatro vueltas más tarde, cuando constató que el podio era su única aspiración. No estaba del todo mal, pero tanto empujó hasta el final que una absurda última vuelta en plan kamikaze dio con sus huesos contra el muro y le cedió la tercera posición a Raikkonen.