Oviedo, Miguel L. SERRANO
Hay veces en que las comparaciones, más que odiosas, son benditas. A Kaká le bastaron dos partidos para encontrar la suya entre el madridismo: Zinedine Zidane. Motivos que la avalen se cuentan a montones: por calidad, por elegancia, por posición, por determinación, por liderazgo. Eso sobre el césped. Atendiendo al palmarés, la cosa tampoco se tuerce. Ojeando su coste, tampoco. Son Zidane (1972) y Kaká (1982), dos futbolistas separados por una década, dos peloteros mayúsculos con la mente en los pies, con una genética para entender este juego similar, basada en el toque puro, en la improvisación como arte, en la generosidad.
Kaká recuerda a Zidane porque desde la retirada del francés, en 2006, el Madrid no había tenido jugador tan decisivo en los últimos 30 metros de campo. Parte de la izquierda como él y luego hace lo que quiere, como él. El brasileño es, tras el francés, el tercer jugador más caro de la historia del fútbol, 65 millones de euros por los 76 de Zidane.
Salvo en la edad del debut en Primera, el brasileño con 19 años en el São Paulo y el francés con 17 en el Cannes, Kaká, si acaso, es más prematuro que el galo. Es campeón del mundo con 20 años y campeón de Europa con 25, respectivamente seis y cinco años antes que el astro francés. Incluso en algo tan subjetivo como la adaptación a lo nuevo, el ex milanista va más rápido. Lo demostró el sábado ante el Espanyol, siendo el acaparador principal de las rebanadas de calidad del Madrid en Cornellá. El 8 blanco ya ejerce de capataz y acaba de llegar. El timón del equipo está a su entera disposición porque es él quien mejor encarna la personalidad que pretende su club. A «Zizú» le costó más arrancar en sus principios de blanco, quizá ensombrecido de primeras por el ídolo de la época, Figo, y porque entonces había un plan asentado y establecido, y no por desarrollar.
Uno y otro forjaron su carrera en el correoso Calcio italiano para exponer su esplendor futbolístico en la Liga española, más abierta al lucimiento personal. Físicamente, salvo en la estatura (1,86 metros cada uno), en poco se parecen. Por ser corpulentos impresiona más su elasticidad. Ambos son jugadores de último pase y por eso se sienten más cómodos dándolos que ejecutándolos. Zidane marcó 151 goles oficiales en total en las 17 temporadas que estuvo activo. Kaká lleva mejor promedio (125 tantos en 345 partidos, sin contar los tantos con la selección brasileña), pero, aun así, ninguno se distingue por ser goleador en toda regla.
Kaká brilla porque no se luce, algo muy difícil en jugadores de su especie. Tiene la cabeza bien amueblada y piensa en todo momento en el beneficio colectivo. Sólo que su presencia ya destila elegancia y de ésos hay muy pocos. Uno es Zidane. Por eso, cada zancada del brasileño es una mención al mago francés.