Oviedo, Mario RODRIGO
Una nueva exhibición de recursos y de actitud ante Grecia, la víctima favorita de los últimos años, ha colocado a la selección española de baloncesto ante otra oportunidad de ganar la medalla que le falta y que tanto ansía: el oro de un campeonato de Europa. Tras lo visto ayer en Katowice, sólo un descalabro de los de Scariolo combinado con un gran acierto táctico del rival (como sucedió en Madrid hace dos años ante Rusia), puede apartar al equipo nacional de su objetivo. La solución, en el España-Serbia (21.15 horas, La Sexta).
La selección es tan buena que se puede permitir el lujo de cambiar el plan de partido a mitad del primer cuarto y, aún así, abofetear al contrincante sin piedad. Scariolo decidió en principio dar continuidad al riesgo defensivo del partido contra Francia y ordenó cambiar en los bloqueos para asfixiar el ataque griego. Sin embargo, los de Kazlauskas encontraron la solución enviando el balón a sus altos en cuanto quedaban emparejados con los bajitos españoles. Resultado: ligera ventaja helena (13-14) y malas sensaciones.
Scariolo pasó entonces al plan B. Optó por apretar las líneas de pase, pero los pívots españoles dejaron de salir a hacer «flashes» a los exteriores rivales. Estos penetraban a la menor oportunidad, pero las rapidísimas manos de Rudy y Navarro impidieron que los balones doblados llegaran a buen puerto. España empezó a robar bolas y asestar contras y un triple de Cabezas colocó una ventaja apreciable, reducida a cinco al final del primer cuarto (26-21).
Una vez conocido el rumbo correcto, la selección pisó a fondo. Las anticipaciones españolas volvieron a aburrir a los griegos en el comienzo del segundo cuarto, cuando se pasaron cuatro minutos sin anotar para recibir un 8-0 de parcial. Cercana a la desesperación, Grecia intentó una de sus tácticas preferidas: el follón. Una doble técnica a Scariolo y a Bourousis supuso la tercera falta del pívot del Olympiacos, pero también el único momento de desconcierto español. Con Pau Gasol nuevamente en cancha y Llull protagonista con un triple lleno de personalidad, España no cedió a pesar del tremendo agujero en su aro (hasta 24 rebotes ofensivos capturaron los griegos).
Los primeros minutos del tercer cuarto se intuían decisivos y los jugadores españoles salieron como un ciclón. Hasta se permitieron el lujo de volver a cambiar en los bloqueos en las primeras jugadas, pero esta vez estuvieron mucho más listos a la hora de los relevos y sus rivales ya estaban ofuscados por la sensación de derrota. En ataque, el éxtasis: las canastas al poste bajo de Pau Gasol y un triplazo en carrera de Rudy Fernández colocaron una diferencia inalcanzable (58-42).
De ahí al final, festival español a pesar de su evidente endeblez en el rebote defensivo. Scariolo fue sumando más buenas noticias, como la recuperación del mejor nivel defensivo de Garbajosa, el tino de Mumbrú o la sensación de que Cabezas le puede sacar de algún que otro contratiempo. Una jugada en zona de los de Kazlauskas, que terminó con un gran movimiento de balón y triple final de Mumbrú, acabó entre risas en el banquillo. Unas sonrisas de oro.