Gijón, Víctor RIVERA
El poderoso cabezazo con el que Gregory certificó el empate del Sporting en Valencia, ha desatado la ilusión en el sportinguismo. Plantilla y aficionados regresaron de Mestalla con la satisfacción por el punto arañado al Valencia de Villa y Mata y, sobre todo, por la imagen ofrecida. Han bastado tres partidos para que las dudas se despejen y el ambiente enrarecido que se respiraba en Mareo haya quedado reducido a una mera anécdota. El nuevo Sporting ilusiona y le han bastado tres partidos para enganchar a una afición entregada y, de paso, para ganarse el respeto de sus adversario. Los de Preciado ya no son aquel equipo inexperto y timorato al que le temblaban las piernas en algunos campos de Primera.
Con lo mejor del año pasado, con unos fichajes que dan otras prestancia al juego y con la improvisación propia de Preciado para inventarse un lateral derecho de máximas garantías, el técnico ha montado un equipo que ha sabido competir. La derrota en el Nou Camp (3-0) ante un Barcelona todopoderoso parece un buen resultado, a la vista de lo que le ha sucedido al Atlético de Madrid. El Sporting perdió ese día por una sucesión de fallos a balón parado, pero algo en la puesta en escena había cambiado y permitía respirar con cierto optimismo.
El sportinguismo suspiró aliviado en la puesta de largo del equipo en un Molinón en obras. Los de Preciado se mostraron muy superiores a un Almería llamado a ser un rival directo en la carrera por la permanencia, gran objetivo de la temporada. La visita a Mestalla, con el recuerdo fresco de la machada de la temporada pasada, fue una buena piedra de toque. El Sporting salió fortalecido de una dicha desigual, por el potencial de la plantilla che y porque los rojiblancos jugaron en inferioridad durante más de una hora. Tocaba sufrir y el Sporting mostró empaque.
Ésa es la mejor noticia para el Sporting. El equipo de Preciado ha hecho propósito de enmienda y ha corregido su endeblez defensiva. Hoy parece complicado que el Sporting pueda acabar la Liga con 79 goles recibidos, como sucedió en la temporada pasada. Y ese es el mejor camino hacia el éxito. En Valencia, el Sporting supo sufrir y aguantó las acometidas de un Valencia que cuenta con uno de los mejores ataques de la Liga.
Más allá del esfuerzo defensivo, los rojiblancos mostraron una enorme eficacia ante la portería de Moya, al que superaron en dos de las tres oportunidades de que dispusieron. Barral y Gregory rubricaron el triunfo con dos goles muy diferentes y, a la vez, muy del estilo de cada uno de ellos.
«En cuanto vi que Rivera levantó la cabeza, le hice el desmarque», relata Barral y añade que «tuve que hacer una carrera muy veloz antes de tirar a puerta lo más fuerte que pude». Así contado parece fácil, pero lo cierto es que el gaditano tuvo que aguantar las acometidas de Alexis antes de adelantar al Sporting. Barral, que ya marcó un gran gol en Mestalla en la temporada pasada, confiesa que «es un campo que me gusta mucho; no sé si será el rival que motiva, el ambiente o la afición, pero se nos da bien».
Si Barral es un adicto al gol, Gregory se siente extraño en el área contrario. Y eso que el parisino ya ha dado buenas muestras de su capacidad para incorporarse en las jugadas de estrategia. «Con este gol conseguimos un punto en Valencia que es muy bueno para el equipo», explica. El central, que hace gala de una educación exquisita en el trato, se muestra generoso con sus compañeros: «Tenemos que hablar de todo el equipo, que hizo un esfuerzo muy grande». En cuanto a su gol, reconoce que «siempre es bueno ayudar al equipo» y apunta que «el 60% del gol es de Gerard, que saltó con el portero». El francés es todo un descubrimiento.