Gijón, Víctor RIVERA
Cuentan que cuando vio su nombre en la convocatoria del primer equipo del Zaragoza para el encuentro ante el Valladolid, le entraron ganas de llorar. Su emoción no se distingue de la de cualquier otro chaval de veinte años al que llama el entrenador de los mayores. Pero el de Alejandro Sánchez López, Álex, (Zaragoza, 1989) es un caso especial. Álex nació sin mano derecha y esto no le ha impedido llevar una vida modélica, a pesar de que es diestro con los pies. Además de jugar en el filial del Zaragoza, estudia tercero de Derecho -con grandes notas- y cuando acabe esta carrera quiere hacer también Ciencias Políticas. Marcelino García medita traerlo a Gijón en la que sería su segunda convocatoria consecutiva con el primer equipo. Si dispusiera de unos minutos sería el primer futbolista manco que debutase en Primera. El Sporting tuvo un caso idéntico a finales de los setenta. Gonzalo fue un lateral izquierdo del filial, al que también le faltaba una mano.
«No creo que tenga ningún mérito jugar al fútbol como lo hago yo. Lo importante son otras cosas», declara el futbolista al que le ha sorprendido la repercusión que ha tenido su caso. Las bajas que asedian al Zaragoza ha obligado a Marcelino a echar mano del filial convocando a tres futbolistas. Además de Álex, ha citado al mediapunta Kevin, de sólo 17 años, y al central francés Goffoor.
«Se cumple un sueño que tenía desde niño. Llevo trabajando toda la vida para que llegara este momento. Siempre quise jugar en el Zaragoza, es el equipo de mi ciudad, de mi vida», explica para añadir que «cuando he visto mi nombre, he sentido una alegría enorme. No se puede explicar lo que siento ahora mismo y es posible que después explote».
La carrera futbolística de Álex empezó en el Colegio Salvador, los Jesuitas de Zaragoza. Allí dio sus primeras patadas al balón e hizo un amigo muy especial. Ander Herrera, hijo de Pedro Herrera, director deportivo del Zaragoza, es la gran esperanza de la cantera maña. Ander se encuentra en Egipto con la selección española sub-20.
Más tarde, pasó por el Amistad, un club afiliado del Zaragoza y regreso a los Jesuitas, hasta que el conjunto maño se fijó en él y lo incorporó para el equipo cadete. De inmediato saltó de categoría y pasó, prematuramente al juvenil de División de Honor. Con sólo 18 años fue enviado al Universidad Zaragoza C para jugarse los cuartos con una nómina de veteranos de toda suerte en la siempre complicada Regional Preferente. La temporada pasada ya disputó los últimos dos meses de competición con el filial maño, en Tercera, donde siguió mostrando su instinto goleador. Este año lo inicio ya con ficha del filial, hasta que la llamada de Marcelino supuso el salto definitivo, de Regional a Primera -cinco categorías- en apenas unos meses.
El padre de Álex es médico y el futbolista confiesa que «desde muy pequeño ya me enseñaron a hacer de todo sin necesitar la ayuda de nadie». A pesar de todo y de su fuerza de voluntad, Álex tuvo dudas. Cuando se vio en Regional Preferente llegó a pensar seriamente en dejar el fútbol. Fue su entrenador de entonces, Gori Silva, quien le ánimo a seguir adelante y el futbolista se le agradeció acordándose del técnico nada más conocer su convocatoria. Para quien se pregunte cómo juega, él mismo se define: «Soy un delantero luchador, potente y que trabaja para el equipo».