MELCHOR FERNÁNDEZ DÍAZ
En el cumpleaños de El Brujo, tal pareció por algún tiempo que estaba ejerciendo sus poderes, desde su puesto de delegado en la banda. No de otra forma podía explicarse el resultado que reflejaba el marcador -es metáfora: marcador no lo hay por ahora en El Molinón--a la altura de la media hora del primer tiempo. El Zaragoza había mandado en el juego, había tenido claras ocasiones y el Sporting no había necesitado nada de eso para conseguir el único gol marcado hasta el momento. Le había bastado con una de las pocas combinaciones que había ligado y un tiro que salió inocuo de los pies de Diego Castro y se envenenó al rozar en el cuerpo de un defensa rival.
Pero si esos poderes existen, hay otros, meramente futbolísticos, que pueden neutralizarlos y eso fue lo que se comprobó en el segundo tiempo, además de que el Sporting sigue siendo un desastre a la hora de defender los corners y otras jugadas a balón parado. Abel Aguilar, que había podido marcar por dos veces en el primer tiempo, acertó al tercer cabezazo, siempre con Juan Pablo cobijado, es un decir, bajo el larguero de su portería.
El Zaragoza tuvo mucho más juego que el Sporting. Ocupó mejor el campo, de una manera dinámica, que es la mejor forma de hacerlo, porque así el balón circula con facilidad. Pero para hacerlo hay que tener un sistema bien trabajado y jugadores que, como Jorge López o Abel Aguilar que sepan interpretarlo. Así parecía, y era verdad, que el Zaragoza atacaba con más jugadores y defendía también con más. Y también, saber concluir lo que se crea, y en eso falló el equipo que entrena con evidente buena mano Marcelino. Y en concreto falló Babic, que tiró alto cuando Songo´o, tras llevarse por delante a Gregory, le dejó un balón clarísimo a dos pasos de la puerta.
Lo curioso es que el Sporting, jugando mucho menos, tuvo casi tantas ocasiones, si no más. De las Cuevas malogró una muy clara en el tramo final del primer tiempo, después de que Luis Morán le hubiera dejado solo. Y a la de Babi, mediado el segundo, se contrapuso cinco minutos más tarde un tremendo cañonazo de Diego Camacho, que Carrizo neutralizó con una parada impresionante.
Y es que el Sporting caza a la espera. Concentra sus efectivos atrás, aunque no por ello defendida bien. Ayer la defensa contó con varias ayudas inestimables de Rivera, que es también quien mejor sacar el balón en largo. El Sporting tiene fe en su munición y en su puntería y no parece aspirar a más. Sigue con su juego elemental. Balones frontales a la cabeza de Bilic, y a esperar lo que pueda ocurrir en la segunda jugada si el croata logra cazar el balón. El Sporting, por ahora, se parece mucho al ya conocido de las últimas temporadas. Hay novedades, como el bien acoplamiento de Lora al lateral o la muy interesante presencia de Rivera, un centrocampista muy completo. Pero, básicamente, juega igual. La principal novedad tal vez sea que ahora empata, y eso es sumar.