Oviedo, Mario D. BRAÑA
Cuando Pep Guardiola insistía dale que te pego con el trueque Ibrahimovic-Eto'o seguro que visualizaba, entre otras cosas, escenarios como el de ayer en La Rosaleda. Un partido trabado, con un rival correoso que interrumpía continuamente el rondo azulgrana. Es decir, una situación que precisa de alternativas como las que da el sueco, una mole con pies de bailarín. Para suerte del Barça, el inoperante Henry se lesionó y dio paso a Ibrahimovic, que en diez minutos dio más lata al Málaga que el francés en media hora. Ibra desatascó al Barça, que a partir de ahí volvió a ser el equipo mandón de casi siempre. Sólo Munúa pudo evitar otra goleada azulgrana.
Visto lo visto en El Sardinero, Juan Ramón Muñiz pidió a sus jugadores que si había que perder con el Barcelona fuese dando la cara. El Málaga fue un equipo mucho más valiente que el Racing y durante media hora le fue bien. Adelantó la línea de presión, dificultando al máximo el juego de seda barcelonista. El irregular césped de La Rosaleda y cierta relajación azulgrana ayudaron a que se consolidase la sensación de que había partido.
De hecho, la primera oportunidad fue para el Málaga, que en el minuto 7 robó un balón y permitió al rapidísimo Obinna plantarse con opciones en el área. Su remate se fue al lateral de la red, pero al Málaga le sirvió de estímulo y el Barça se lo tomó como una advertencia. En la adversidad, el equipo de Guardiola demostró que también está preparado para madurar los partidos. Una circunstancia inesperada iba a ayudarlo a encontrar el resquicio que le negaba la tela de araña blanquiazul.
Henry, que estaba desaprovechando la oportunidad en el eje del ataque, tuvo que marcharse en el minuto 28 con problemas musculares. Ibrahimovic, reservado por el esguince de tobillo de Santander, iba a darle una alegría a su entrenador. Su protagonismo en el cuarto de hora final de la primera parte fue absoluto. En el 31 sufrió un penalti que Delgado Ferreiro no pitó. En el 37, se precipitó en un remate que mandó al cuerpo de Munúa cuando Pedro lo había dejado solo. Y, sin solución de continuidad, aprovechó un gran pase de Messi para, rozando el fuera de juego, batir al portero con un toque sutil.
Con el 0-1 empezó otro partido, ya totalmente volcado del lado del Barcelona. Xavi, Touré y Keita se adueñaron del centro del campo hasta pintar el paisaje habitual: el balón era monopolio del Barça, que cada vez encontraba más grietas en el entramado malaguista. El segundo gol era cuestión de tiempo, aunque el destino volvió a jugar a favor del Barça. Se lesionó Chygrynskiy y su sustituto, Piqué, mandó a la red un saque de falta de Xavi cuando sólo llevaba tres minutos en el campo. Pleno para Guardiola.
Al Barcelona sólo le faltaba un tanto más para seguir mandando en ese duelo al gol que mantiene con el Real Madrid. Con el Málaga cansado y un pelín desquiciado, el equipo azulgrana tuvo ocasiones clarísimas para hacer el tercero y alguno más. Pero Messi falló lo que nunca falla, dos mano a mano con Munúa, y Piqué mandó alto un pase de la muerte de Pedro, con toda la puerta a su disposición. Incluso el árbitro metió baza, al ignorar un clarísimo penalti de Weligton a Messi.
No hubo goleada, pero el Barcelona se marchó como unas castañuelas de Málaga. Cerró la doble salida de esta semana con seis puntos y la sensación de que Ibrahimovic es un buen desatascador de choques tan enrevesados como el de ayer. Ya quedará tiempo, al calor del Camp Nou, para hacer cábalas a cuenta de los goles.