Madrid,
Miguel L. SERRANO
Nada que objetar al Madrid resultadista, infalible con su pleno al quince. Ayer logró otro triunfo más, ante un Tenerife valiente e interesante, víctima inocente de la contundente pegada blanca. El equipo de Pellegrini, sin embargo, transita muy lejos de la excelencia prometida, y a veces llega a desesperar.
Pero gana, y sus números son incontestables. Al equipo todavía se le presupone en fase de adaptación y, por el momento, tiene tanto crédito que la afición degusta goles y puntos sin elevar demasiado la voz. Rechista cuando el juego traspasa la línea de lo soporífero, como sucedió ayer al intermedio. Y se olvida de todo cuando la coge Kaká y tirando de pose elegante manda parar y jugar. El brasileño hace mejores a todos. Cuando saltó ayer tras el descanso los de arriba se activaron y Benzema finiquitó el partido con dos goles en 13 minutos.
El juego del Madrid es tan irregular como intermitente. A pesar de Xabi Alonso, espeso ayer, le cuesta conseguir el control y tener fluidez en la circulación. No es que no domine con autoridad, es que acostumbra a especular y se deja dominar a la espera de la aparición de sus estrellas. Los blancos viven de la inspiración de ellas, apagadas ayer hasta que llegó Kaká y las iluminó. El brasileño saltó tras el descanso y estimuló a Benzema y a Cristiano Ronaldo, protagonista de la jugada del partido: el portugués recibió en el centro del campo y, con dos cambios de ritmo, eliminó a cinco rivales y se plantó ante Aragoneses, que le chafó el gol de la jornada. Para entonces, para cuando Ronaldo dio señales de vida, los locales eran dueños del marcador merced a un buen cabezazo picado de Benzema tras una asistencia de Xabi Alonso (minuto 46).
Una vez cayó el primero, al minuto de la reanudación, el Tenerife se desmoronó mentalmente y aunque nunca perdió la cara al partido cedió y cedió hasta suicidarse. A ello ayudó rápidamente Manolo Martínez, uno de sus centrales. El hombre se confió en su área y cuando se quiso dar cuenta, Benzema estaba celebrando el segundo (minuto 57). El galo, letal, le robó la cartera y batió a Aragoneses de tiro cruzado dentro del área. Aquello, la doble actuación de Casillas ante disparos de Mikel Alonso y Nino y, sobre todo, el chut al poste de Román con el portero superado, fue el acabose para los chicharreros.
Porque, a pesar de que Kaká clavó en la escuadra un precioso zapatazo desde la frontal (minuto 77), y Drhente y Ronaldo no afinaron dos zurriagazos en el área que el Bernabeu ya cantaba, los chicharreros dejaron mejor sensación que el Madrid. Se fueron compuestos y sin puntos, pero jugaron mejor que su gigante rival.
Sucedió que al dominio total del Tenerife durante el primer acto no le acompañó la pegada, porque ni Nino en una vaselina infructuosa, ni Omar ni Román en sendos tiros vieron puerta. Los isleños, eso sí, jugaron solos, sin arrugarse, mareando a un Madrid ramplón. Salvo un remate de Raúl a bocajarro con la derecha que paró Aragoneses y un par de faltas mal tiradas por Ronaldo, los blancos, con Granero en vez de Kaká y con Pepe de inicio, adolecieron tanto de falta de ideas y de imaginación que el respetable los «ovacionó» con una sonora pitada cuando no se habían cumplido los veinte minutos. Un aviso para el equipo, señal de que para agradar hace falta más que victorias. Mientras tanto, con Kaká basta.