VÍCTOR RIVERA
Habían pasado ya diez minutos del segundo tiempo del partido más aburrido de la historia, cuando el destino quiso burlarse del Sporting. A falta de un entretenimiento mejor, la grada de preferencia del Reyno de Navarra atronaba Pamplona con las notas del «Gijón del alma» ante el estupor de la parroquia local. Mientras tanto, a pie de campo Masoud había controlado un balón pegado a la línea de banda. El iraní gambeteó y fue ganando terreno hasta que sacó un centro venenoso al área. Sastre hizo el abanico y cortó la pelota con la mano. Al debutante Estrada Fernández no le tembló el pulso a la hora de señalar el punto de penalti. La grada de preferencia enmudeció dejando a medias el «Gijón del alma». Sabían que el partido estaba perdido.
Y es que en un encuentro como el de ayer, que iba directo hacia el empate a cero, un gol es un tesoro. Ni antes ni después de que Nekounam transformase la pena máxima dio el Sporting señales de poder inquietar a Ricardo. El veterano portero osasunista vivió ayer la tarde más tranquila de su dilatada carrera. Ni un solo remate entre los tres palos. Ni una llegada de peligro de un Sporting que renunció a sus ideales para aceptar el reto de Osasuna. Si el Sporting no corre, no es nada.
Osasuna jugó ayer el mismo partido que ya ha disputado miles de veces en su estadio. Camacho prescindió del centro del campo, que fue sobrevolado por una larga serie de balones aéreos. Con dos referencias como Aranda y Pandiani, el juego directo es casi una obligación. Juanfran y Masoud, dos habilidosos extremos, completan el repertorio ofensivo de Osasuna. Más que suficiente para superar al Sporting más plano del año.
Preciado intentó que su equipo jugase como Osasuna, pero Bilic y Barral gustan más de correr a la contra que de recibir pelotazos desde la defensa. Además, el técnico dio ventaja a su rival. En un encuentro al que los rojiblancos llegaban con seis ausencias, Preciado prescindió, de propina, de Lora, Diego Castro y De las Cuevas. El técnico aceptó la propuesta de saltarse el centro del campo, como tantas otras veces, pero en esta ocasión prescindió también de las bandas.
Como Osasuna evitó el centro del campo, los rojiblancos no pudieron recuperar en la zona de peligro. La distancia entre los defensas y la «doble B» era un abismo y los balones que llegaban a los delanteros casi les hacían daño. El planteamiento rojiblanco sorprendió a los locales y hasta puede decirse que el Sporting dominó el escenario durante la primera media hora.
A los rojiblancos les faltó traducir ese buen arranque en ocasiones de gol que pudiesen intimidar a su rival. El Sporting adoleció ayer de una más que preocupante falta de pegada. Las únicas ocasiones rojiblancas fueron disparos de media distancia que, para más inri, nunca encontraron la portería del osasunista Ricardo.
Tampoco es que Osasuna hiciera el partido de su vida, pero al menos acumuló un puñado de claras oportunidades. El gol, un balón de Juanfran al poste y un remate de Masoud que sacó Gerard en la raya.
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