JUAN J. ALONSO
Messi y Cristiano Ronaldo. Xavi y Kaká. Pujol y Sergio Ramos. Valdés y Casillas. Los que hemos crecido con la camiseta azulgrana tan pegada al cuerpo como el vestido que llevaba Marilyn Monroe la noche que cantó el «Cumpleaños feliz» a John F. Kennedy, no tenemos ninguna duda. Messi es al fútbol lo que «Casablanca» es al cine. La perfección. Xavi es el mejor hombre-orquesta desde Dick van Dyke en «Mary Poppins». Pujol es un seguro de vida sin letra pequeña. Y Valdés, a quien la historia colocará donde se merece, es el portero con ese punto de misterio al que todos los niños imitan en los patios de los colegios cuando se ponen sus guantes imaginarios. Y podríamos seguir diciendo que Iniesta, por favor, es mucho mejor que Guti. Y que Ibrahimovic, por todos los dioses, no puede compararse con Benzema sin mofarse de las leyes de la naturaleza. Y, con todo esto, a veces pienso que es necesario un sincretismo religioso que, de alguna manera, establezca un puente entre el Barça y Los Otros.
¿Por qué no? El dios Serapis, por ejemplo, fue la respuesta del hábil Ptolomeo I, un griego que terminó siendo rey de Egipto, al enfrentamiento entre las religiones griega y egipcia. La nueva divinidad, que añadía a los egipcios Osiris y Apis varias divinidades helenísticas, tuvo éxito y se convirtió en un puente entre las dos culturas. ¿No sería posible introducir en la Liga española el culto de un dios híbrido, que una lo mejor del Barça y de Los Otros? Si Serapis surgió como un dios egipcio-helenístico, quizás este nuevo dios futbolístico pueda emerger como un dios blanco-azulgrana. Seguro que hay muchos culés que admiran en secreto las felinas arrancadas de Cristiano Ronaldo, y seguro que hay muchos madridistas que sueñan con acariciar las botas de seda de Iniesta. Es necesario, pues, un Serapis futbolístico que recoja aspectos de la mitología azulgrana y del culto blanco. Sólo hace falta un nombre y una iconografía.
Propongo llamar a este nuevo dios Cruyffstéfano. Y su imagen sería la un futbolista que viste una camiseta azulgrana por un lado y blanca por otro, y que sostiene en una mano la fuente de Cibeles y en la otra la fuente de Canaletas. Seguro que el culto a esta divinidad alcanzaría todos los rincones del mundo futbolístico. Pero para los que llevamos la camiseta azulgrana más ceñida al cuerpo que aquel maravilloso vestido color carne al cuerpo de Marilyn es demasiado tarde. No tenemos más dios que el Barça, y adorar a Serapis (o Cruyffstéfano) sólo sería una forma de soportar que Los Otros ganaran la Liga. Si el Barça es campeón, que le den al nuevo dios, al sincretismo y a la madre que lo parió.