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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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POR PEDRO RAMOS Hay cosas parecidas pero no iguales. Por ejemplo, en fútbol un 2-0 es parecido a un 3-0, porque es una victoria. Pero no es igual. En Fórmula 1 hay más analogías que diferencias entre monoplazas, pilotos, circuitos. Pero nada es igual. Hasta ayer. Singapur no es que sea parecido a Oviedo. Es igualito a Oviedo. Sí, igual. Muros de cemento que delimitan las calles convertidas en carretera; pintura en el asfalto con rayas discontinuas, flechas y demás aditamento urbano; farolas de iluminación, y... champán. En efecto, en este 2009 el único lugar donde Fernando Alonso pudo descorchar una botella de champán y realizar una ceremonia destinada al podio fue en la calle Uría, esquina Marqués de Santa Cruz. El Parlamento regional y El Escorialín fueron testigos mudos del momento culminante de la exhibición urbana que hizo el piloto ovetense en su ciudad natal en las pasadas fiestas de San Mateo. Allí se olvidó de los largos y amargos sinsabores de esta temporada. Allí disfrutó como con la mejor de las victorias, baño de champán incluido. Como aquí, en Singapur, ayer. Porque Singapur es Oviedo. Aquí es allí. Hubo muros de cemento. Hubo pintura en el asfalto. Hubo ceremonia del champán. Y allí estuvo Fernando Alonso. Oviedo es Singapur. Alonso es un campeón. Hay podios que no son victorias. Pero todas las victorias son podios. Alonso consiguió ayer un triunfo. Porque tiene más mérito lo que hizo el ovetense que lo realizado por cualquier otro piloto en la pista de Oviedo-Singapur. Pese a los líos de Renault, pese a la nula evolución del R29, ahí está el rey del viento (pregunta para Luca Cordero di Montezzemolo: ¿cuándo va usted a anunciar el fichaje de Fernando Alonso? A ver si es cierto lo que dicen los rumores y esta misma semana se confirma lo que cada día es más un secreto a voces. Luca, por cierto, venga a Oviedo a anunciarlo, que es igual que Singapur. Venga y véalo con sus propios ojos).
El carácter del que, dicen, es el mejor jugador del mundo (con permiso de los Messi-ánicos) no ha tardado en aparecer. En Mánchester, cuando militaba en el United, eran frecuentes sus desplantes al entrenador cuando era sustituido. No le gustaba ni le gusta. Madrid es Mánchester, como Singapur es Oviedo. Cristiano Ronaldo no entiende de ciudades ni de entrenadores. ¿O es que Pellegrini es Fergusson? El caso es que el astro portugués la lio parda el sábado al ser sustituido por Diarra en el segundo tiempo con el partido ya resuelto ante el Tenerife. Ronaldo negó el saludo a Pellegrini-Fergusson y golpeó de mala manera una pelota que se encontraba camino del vestuario. El trasfondo de todo esto está en las tan manidas rotaciones, el invento del fútbol moderno para justificar la acumulación de partidos. Cuando todo el mundo las hace será porque son necesarias para que un gran equipo mantenga el nivel en todas las competiciones a lo largo de toda la temporada. Bien. Pero de ahí a empezar a rotar a la segunda semana de competición hay un abismo. Tiempo habrá de rotar y de hacer cambios. Ahora es tiempo de enseñar los artículos en el escaparate, que para eso se han comprado como nuevos y son los más caros del mercado. Cuando empiecen a estar más vistos -o más usados- será el momento de utilizar el fondo de armario. Y vale lo mismo para Ibrahimovic y compañía. Eso sí, aunque el razonamiento en esencia sea idéntico, no es lo mismo el Real Madrid que el Barcelona. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Ya que acabamos de citar al Barcelona, viene a cuento otro Ronaldo, no Cristiano, sino Ronaldinho. Está en horas bajas el que otrora fuera el faro que iluminaba las noches del Nou Camp y también las de Sitges. Ronaldinho ha perdido su magia en el Milán y también la titularidad. Su halo de estrella ha ido desapareciendo hasta el punto de que los rumores amenazan con engullirlo. El futbolista brasileño ha tenido que salir a la palestra a través de su página web para desmentir las noticias que apuntaban a una posible marcha del club italiano. «Mi fuente es la alegría y es (y siempre ha sido) jugar al fútbol. Estoy muy feliz en Milán y en el Milán, del mismo modo que he sido feliz en todas las ciudades y clubes en los que he jugado», dijo. La verdad es que como declaración queda muy bien, pero como realidad es una farsa. Ni Milán es Barcelona -Singapur sí es Oviedo-, ni el Milán es el Barça, ni Ronaldinho es ahora el que fue hace tres años. Ronaldos hay muchos, que tampoco nos olvidamos del «Fenómeno» o el «Gordo», vamos, del goleador de toda la vida que pasó por Barcelona, Inter, Real Madrid y ahora golea con el Botafogo pese a los años y los kilos. Aún con todos esos Ronaldos, Ronaldinho sólo hay uno (no es ni la sombra de lo que era), Cristiano Ronaldo sólo hay otro (aún cabreado sigue siendo el mejor, dicen) y Ronaldo, el «Gordo», es inimitable (aunque ahora sólo golee en la Liga brasileña).
Es como el cuento de la buena pipa. Nunca se puede decir que el debate en torno a Raúl se acabe. Nada lo evita. Ni los títulos, ni la buena racha, ni la excelencia futbolística que ha encontrado Del Bosque con la «roja». Nada. El cuento de la buena pipa: «Raúl, selección». Da igual que Villa golee. No importa que Silva sea un estilete. Ni que Torres los marque de tres en tres en Liverpool. «Raúl, selección». Ahora el enemigo está dentro. Pero no dentro de la Federación Española de Fútbol, sino dentro de la propia casa de Vicente del Bosque. En su propia familia. ¡Es su hijo! El seleccionador español coincidió con Raúl en la presentación del libro «Cartas a Álex», de Gabriel Masfurroll, ex vicepresidente del Barcelona. Y ahí, en ese acto, del Bosque lo soltó: «Mi hijo me dice que lleve a Raúl a la selección». Lo que faltaba. «Raúl, selección». El cuento de la buena pipa no se acabará hasta que todos reconozcan que Raúl es la selección. Nadie ha dejado una huella como la suya en la «roja». Al menos, de momento.
No está de más recordar algunas cosas que, por obvias, tienden a olvidarse. La semana pasada se lanzaba una proclama desde esta misma esquina a favor de un deporte que ha vuelto por sus fueros tras años de escándalos propios de película negra por dopajes y demás zarandajas. El ciclismo es deporte y como tal supone una vía de disfrute para los aficionados. Ayer se puso el broche a la temporada con un Mundial en el que sorprendió Cadel Evans. Ésa es la gran fuerza de este deporte. Tercero fue un español con nombre de tabaco, «Purito» Rodríguez. Samuel Sánchez, Valverde y compañía se quedaron sin gasolina. Una bicicleta no es un Fórmula 1. Aunque Samuel Sánchez sea de Oviedo y no corra en Singapur.
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