POR PEDRO RAMOS
Ya era hora. El sueño que comenzó en 2001 cuando se subió a un Minardi es ya una realidad oficial. La verdad es que de aquella lo soñaban pocos, porque pocos eran los que seguían la Fórmula 1. Pero a medida que fue creciendo la marea azul, a medida que fueron llegando los títulos mundiales, el deseo fue un clamor. El único que parecía no darse por aludido era el presidente de la escudería, Luca Cordero di Montezzemolo, porque estaba bajo el extraño embrujo de un Michael Schumacher que no podía ver a Fernando Alonso porque le había humillado en la pista y le arrebató la corona mundial. Por eso cuando en 2006 consiguió el segundo título, el piloto ovetense optó por irse a McLaren, un equipo grande venido a menos al que hizo resurgir de sus cenizas. El clamor de la marea era ver a Alonso vestido de rojo. Pero el optó por las flechas de plata, esas que le habían fascinado desde bien pequeño, no se sabe muy bien por qué. El sueño del «Nano», correr para McLaren, se convirtió pronto en pesadilla por culpa de la Criatura, el niño mimado y malcriado al amparo de Ron Denis que fue capaz de hacer perder a su equipo el mundial de pilotos y de marcas de un plumazo. Todo un récord negativo para él, aunque al año siguiente haya logrado el cetro mundial. Pero volvamos a Alonso. Aquel fatídico año de pesadilla en McLaren sólo hizo que aumentar el clamor de la marea. Si Ferrari era/es la mejor escudería, el mejor piloto tenía que estar bajo su tutela. La travesía del desierto de estos dos último años en Renault y la sequía en el mítico equipo italiano resultaron tan insoportables para el uno y para los otros que llegó lo inevitable. Montezzemolo se quitó la venda, Alonso se rindió a la evidencia y la marea puede ahora discurrir tranquila. El anuncio se produjo ayer. ¡¡¡¡¡Por fin!!!!! La apuesta está clara. A caballo ganador. «Il Cavallino» se convertirá en Asturcón, que es un animal más propio de la tierra del rey del viento. Sea caballo italiano o asturiano, será convenientemente domesticado por el indomable espíritu de un ganador.
La confirmación oficial llega justo después del único podio de Fernando Alonso en lo que va de temporada. Y también justo después de la peor calificación de Ferrari en crono y en carrera. Es casualidad. El verdadero motivo es la conjunción de una serie de piezas que empezaron a encajar cuando un poderoso caballero apareció encima de la mesa. El dinero -bien escaso casi siempre, pero aún más en esta época de crisis- del Banco de Santander, tuvo mucho la culpa. Alonso mueve masas -y mareas-, como se vio con su paso a McLaren. El Banco de Santander y Mutua Madrileña se fueron de aquella al equipo anglo-germano tras la estela del bicampeón. Ahora el banco de Botín puso el carro antes de los asturcones y terminó de doblegar la cada vez menor resistencia de Montezzemolo. A raíz del escándalo que acabó con Briatore y Symonds se produjo el adiós precipitado de Renault de la Mutua y del banco ING. Ya no había motivos para esperar más. La apuesta a caballo ganador estaba clara. El secreto a voces no se podía demorar. El poderoso caballero lo puede todo.
Después del anuncio oficial hay que pasar al más allá. En el más amplio y estricto sentido de la palabra. No es cuestión de extraterrestres. Es que Ferrari está en otra galaxia. Comparar a la mítica escudería italiana con Renault es como pretender igualar al Valladolid (con perdón) con el Madrid. Por eso para Alonso será un volver a empezar. Nuevo equipo. Nuevas ilusiones. Y mismos objetivos para el asturiano: volver a ganar un título mundial y seguir engordando su impresionante palmarés. Fisichella lleva dos carreras con Ferrari -Monza y Singapur- y todavía no se ha hecho con las claves de un volante complicado en su manejo y un coche de prestaciones descomunales al que da la impresión de que no se le está sacando todo el partido posible. Ferrari a buen seguro que tendrá en Alonso a un segundo Schumacher, es decir, a un piloto que no sólo se sube a un coche para ganar carreras, también sabe preparar un monoplaza para hacerlo campeón. McLaren y Renault lo saben. Ahora va a enterarse Luca Cordero di Montezzemolo, que por fin ha apostado a caballo ganador.
Y mucho por ganar. Después de dos años prácticamente en blanco, con hambre de títulos pero sin posibilidad de pelear por ellos, Fernando Alonso no tenía otra salida. Podía seguir en Renault, incluso irse a Williams, Toyota, Red Bull o Brawn GP. Desde el punto de vista de los cobardes, lo mejor habría sido aceptar alguna de esas ofertas y dedicarse a sestear cómodamente escudándose en que casi ninguno de esos equipos tiene las posibilidades económicas ni la capacidad organizativa y de ingeniería para aspirar a títulos. Desde ese mismo punto de vista -el de la cobardía- se le podría achacar al piloto ovetense que en Ferrari tiene mucho que perder si no consigue ganar carreras y el Mundial el próximo año, sin ir más lejos. Pero ¿quién dijo miedo? Fernando Alonso es de todo menos cobarde. Sabe que en Ferrari no tiene nada que perder y sí mucho que ganar porque su apuesta es ganadora. El es un ganador. Juntos no pueden fallar.
Ya queda menos para marzo de 2010. Para que se inicie la temporada. Para que ¡¡¡por fin!!! el mundo-mundial pueda ver un duelo de igual a igual entre el bicampeón y la Criatura. En McLaren nunca corrieron en igualdad y aún así Alonso tuvo el título en el bolsillo. Con el Renault estos dos últimos años el pulso fue imposible por la diferencia de coches. Pero para 2010 la cosa cambia. Alonso podrá demostrarle a la Criatura quien manda aquí. Una venganza en plato frío, que es como mejor sabe. ¿Quien ganará el duelo? Apuesten a caballo ganador. Sin duda.