Gijón, N. A.
Los rostros apesadumbrados de los jugadores del Mallorca al final del partido dejaban claro que no fue su día. El israelí Didí Aouate tuvo que recoger el balón de sus redes hasta en cuatro ocasiones, un castigo al que sigue buscando la explicación, «en la primera parte hemos controlado bien el partido pero tras el descanso no ha sido igual, no sé qué ha pasado», explica.
El Mallorca ve de esta forma cortado su excelente inicio de Liga que le llevó a ocupar puesto de Liga de Campeones. Sin embargo, para el israelí, el objetivo es otro diferente: «Tenemos que tener los pies en el suelo, aprender de los errores cometido en la segunda parte y seguir adelante».
Al final del encuentro, Aouate le regaló su camiseta al entrenador local, Manuel Preciado, una persona a la que guarda un gran cariño desde hace varios años. «Fue él el que me pidió la camiseta y se la regalé, para mí Preciado es como un padre y le quiero muchísimo», confiesa el guardameta mallorquín.
El centrocampista Mario Suárez, que fue seguido por su familia asturiana desde la grada de El Molinón, señala el defectuoso trabajo defensivo de su equipo como clave para la remontada: «El error fue que no supimos administrar nuestra ventaja, en la segunda parte fueron netamente superiores a nosotros».