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Blanco radiante

Cristianodependencia

 
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EDUARDO GALÁN ¿Se acuerdan de Daphne Maxwell Reid? ¿A que no? Les refresco la memoria. La buena señora fue la actriz que sustituyó a Janet Hubert-Whitten como tía Viv en «El príncipe de Bel-Air». En la cuarta temporada, la mujer del tío Phil cambiaba de físico porque los productores de la serie decidieron despedir a Hubert-Whitten (ella asegura que la orden la dio el bueno de Will Smith para que no le ensombreciese). El gran damnificado de esta terrible metamorfosis fue el de siempre. El pobre telespectador. El mismo desgraciado que aguantó todas las fases del duelo cuando la voz de Homer la heredó Carlos Ysbert del fallecido Carlos Revilla o cuando la hija mayor de Roseanne y Dan Conner pasó de Lucy Goranson a Sarah Chalke.

Muy duro. En las últimas semanas, la imagen del Real Madrid se ha ido mimetizando con la de Cristiano Ronaldo. Sus zarpazos de brío y fuerza han funcionado como el «electroshock» perfecto, definitivo en esos minutos en los que el equipo de Pellegrini se hundía en terrenos grisáceos. En el inconsciente madridista, la victoria se ha asimilado a la estampa de Cristiano. Nos falta aceptar que nuestro poligonero favorito desde Andy & Lucas está sujeto a los azares de la vida. En el fondo, los futbolistas comparten géneros con los personajes de televisión: «culebrón» (Guti o Suker), «sitcom» (Tristán o Kiko) o dibujos animados (Messi o Kaká). Pero eso no quita que ambos (personajes y futbolistas) no sean sustentados por humanos que se lesionan, engordan y tocan los bongos, se enamoran de una «chica Interviú» o «'ze' aburren en Londres» aún ganando un pastón (sí, creo que Reyes domina la comedia).

Uno de los grandes retos del chileno impertérrito depende de aplacar las circunstancias con suplentes preparados. La «cristianodependencia» (como la «janethubertwhittendependencia» o la «lucygoransondependencia») surge del caos y se evita con la previsión. No interesan parches (¿Raúl, la alternativa?), no vale reubicar futbolistas a contrapié (salvo que se llamen Marcelo Da Silva). La idea es prevenir, asentar un banquillo convincente (una asignatura a aprobar en el Madrid) y que si un día nos cambian a Cristiano por Higuaín o a Woody Allen por Larry David, ni nos enteremos.

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