N. SOTOMAYOR
Ya es oficial. Fernando Alonso competirá sentado en un Ferrari la temporada que viene. Emilio Botín ha allanado el camino entre el asturiano y la escudería italiana facilitando con su patrocinio la liquidación, previo pago, del contrato que unía a ésta y Raikkonen en el 2010. Sentarse en los monoplazas rojos constituye un notable éxito para el piloto y para el deporte español. Ser elegido por Ferrari va a permitirle agrandar más su prestigio en la historia del automovilismo deportivo y no tengo duda que ello va a suponer un punto de inflexión, en lo que a resultados se refiere, respecto a lo hecho desde que consiguió su último campeonato. En estos tres últimos años Fernando ha ganado menos carreras que en el 2006.
Del contrato firmado han trascendido más los aspectos económicos que los deportivos, resultando estos últimos mucho más interesantes. Destacar que Fernando no se va a Ferrari en calidad de primer piloto. Este hecho sí que es relevante. Renuncia a uno de los requisitos contractuales considerados como innegociables por el asturiano y sus seguidores, sobre todo después de lo que aconteció el año que compitió al lado de Hamilton. Impuso tal condición a Briatore hace dos años, pero no a Montezemolo. Domenicali ya ha dejado claro que Massa y él recibirían el mismo trato y yo me atrevo a anticipar que el brasileño no va a ser un cómodo compañero. Habría sido mejor compartir equipo con Raikkonen, por su carácter y por llevar nueve años en la Fórmula 1 ajeno a las polémicas, pero el interés del Banco Santander por el mercado brasileño jugó en contra del piloto finlandés pese a que su indemnización era mucho más cuantiosa. Se vuelve a constatar cuánto hay de negocio en este espectáculo. Ya me he manifestado en numerosas ocasiones en contra de que los equipos designen de antemano primer y segundo piloto y no voy a hacer excepciones por el hecho de que uno de ellos sea español. Ello desnaturaliza la competición. Deben ser los resultados los que otorguen el rango de primer o segundo piloto.
Ahora bien, firmar un contrato con Ferrari tiene pros y contras. Resultará muy difícil encontrar motivos para no ganar. Hace dos temporadas fue el presunto trato de favor a Hamilton. El año pasado y este no se dispuso de monoplaza competitivo. Ferrari está por encima del bien y del mal, y cuando no se gana, la carga de la prueba recae sobre el piloto.
Con Kimi no hubo paños calientes y eso que no hace ni dos años que dio a la escudería los dos títulos mundiales. El listón en Ferrari siempre está muy alto y con Fernando ha subido un peldaño más. Lo han subido los «tifosi» al elegirle como piloto salvador, lo han subido sus incondicionales, lo han subido aquellos que lo ven como el nuevo Schumacher.
La carrera del domingo ha sido una de las más aburridas del año pese a que Button puede sentenciar el Mundial en cualquier momento. Por una mera cuestión de calendario, Suzuka fue durante años el escenario en el que muchos pilotos se proclamaron campeones. Senna consiguió allí sus tres títulos. También Hakkinen, Prost, Schumacher, Hill, Piquet (padre, por supuesto) y otros muchos saben lo que es celebrar un mundial en este bonito trazado. Este año no ha sido el Gran Premio determinante permitiendo a Vettel mantener unas remotas opciones de coronarse. Ahora es Interlagos el circuito decisivo. De su asfalto ha salido el nombre de los cuatro últimos campeones mundiales y creo que el próximo también se conocerá allí.
El fin de semana de Fernando Alonso quedó marcado por una caótica sesión de clasificación que lo relegó a las últimas posiciones. Con la mente puesta en Ferrari y en el 2010 estas últimas carreras del año son equiparables a los minutos basura del baloncesto. Cuanto antes se celebren, mejor.