Oviedo, M. D. B.
Ha bastado una derrota, un paréntesis en una racha de victorias cargadas de goles, para que se abra la primera grieta en el segundo proyecto galáctico de Florentino Pérez. Llegan las primeras críticas al entrenador, Manuel Pellegrini, a alguno de sus jugadores e incluso al proyecto propiamente dicho. Una idea que nació con un puñado de nombres espectaculares y que, dos meses después, se revela todavía corta de fútbol.
El juego del Madrid había sido poco convincente durante amplias fases de los partidos anteriores, pero ese detalle había quedado sepultado por el chorro de goles de Cristiano Ronaldo y compañía. Cuando ha tenido que medirse al primer rival de cierta entidad, el Sevilla, las carencias madridistas han quedado al descubierto. Sobre todo en el apartado defensivo.
Pellegrini ya siente la presión. Como antes la sintieron Juande Ramos o Bernd Schuster. Como cualquier entrenador que llegue al Madrid y no sea capaz de que el equipo juegue espléndidamente. Porque lo de ganar se da por descontado. Cuando, además, no se gana empiezan los problemas. Por eso, desde el domingo Pellegrini está dando que hablar.
Hasta ahora, nadie había reparado en el chileno, un técnico de perfil bajo en comparación con las estrellas a las que gestiona. Su carácter, reservado y poco dado a gestos para la galería, no fue ningún problema para que Jorge Valdano lo pusiera al frente del proyecto. Pero desde el domingo, a algunos sectores les parece demasiado gris.
A diferencia de Juande Ramos, Pellegrini nunca se había escudado en los resultados para justificar el escaso fútbol de su equipo. Incluso después de golear al Xerez (5-0) o al Tenerife (3-0), el entrenador del Real Madrid admitió defectos en el desempeño colectivo. Y, con la misma dosis de realismo, admitió la justicia de la derrota en el Sánchez Pizjuán.
Más que el 2-1, lo que preocupa del Madrid en Sevilla es su endeblez defensiva. Sobre todo por la banda izquierda, donde Marcelo se vio superado una y otra vez por Jesús Navas. Los once remates a puerta del Sevilla desmienten la regeneración defensiva que parecía haber logrado Pellegrini. Casillas, que había recibido dos goles en cinco jornadas, evitó con sus paradas un contratiempo mayor.
En esencia, el Madrid de Manuel Pellegrini no es muy diferente al de Juande Ramos. Un equipo con escasa elaboración en el centro del campo y con jugadores determinantes a partir de los tres cuartos del campo. Basta con poner a Ronaldo en lugar de Robben, Benzema por Higuaín y Kaká por Sneijder para justificar la diferencia de pegada entre un Madrid y otro.
En principio, el fichaje de Xabi Alonso debería dar al equipo la pausa y el ritmo que faltaba la pasada temporada. Pero, por un motivo u otro, el guipuzcoano apenas ha podido asentarse como el director de operaciones. Pese a la revolución del pasado verano, el Madrid sigue siendo un equipo partido en dos: los cuatro de arriba siembran el terror en el área rival y el resto achican agua como pueden.