Gijón, Nacho AZPARREN
El estreno anotador de De las Cuevas, las filigranas de Diego Castro o el golazo de Luis Morán ocuparon las portadas de los periódicos tras el partido frente al Mallorca. Sin embargo, para muchos el mejor jugador del encuentro fue el centrocampista Míchel.
El lenense es un hombre de contrastes entre la afición, donde no faltan sus detractores. Para el medio, un impuesto especial que debe pagar por su condición de canterano. «Muchas veces a la gente de la casa se nos exige más que a los de fuera y no debería ser así. La afición ya sabe cómo juego y para gustos hay colores. Lo que opine la gente de mi juego no me importa, al que tengo que demostrarle las cosas es al entrenador», afirma.
Míchel recibió ayer una visita muy especial. Alejandro Menéndez, actual entrenador del Real Madrid Castilla. Con Menéndez en el banquillo y Míchel en el campo, el Sporting fue campeón de la Copa de Campeones de Liga juvenil en la temporada 2003-04 y el centrocampista fue nombrado mejor jugador del torneo.
Menéndez recuerda con nitidez aquel año. «Míchel y yo no tuvimos un buen comienzo. Tenía ciertas dudas de lo que podía llegar a ser. Luego superó las adversidades, controló su carácter y ese pronto que tiene, y aprendió a aprovechar sus cualidades en beneficio del equipo», explica.
El entrenador del Castilla confía en que en esta campaña se produzca un salto de calidad en el juego del lenense. «Esta temporada es muy importante para él. Es aún joven, con oficio y una notable presencia, pero puede y debe mejorar aún más», sentencia.
Míchel se asienta en la alineación al mismo ritmo que el Sporting lo hace en la zona noble de la tabla. Ambos esperan seguir creciendo con esfuerzo y trabajo.