GERMÁN
Defensa zurdo gijonés del Sporting de 1948 a 1956, posteriormente primer jugador-entrenador del Caudal
Gijón, J. E. CIMA
José Germán Menéndez (Gijón, 18 de octubre de 1924) fue un lateral zurdo que jugó en el Sporting 162 partidos oficiales en 8 años con gran rendimiento para el equipo. En 1956 se convirtió en el primer jugador-entrenador del Caudal, también fue el primer técnico del Unión Popular de Langreo al fusionarse e igualmente hizo de entrenador en el Sporting y Ensidesa. Natural de Cimadevilla, está a punto de cumplir 85 años y a diario juega partidas de ajedrez y dominó para «ejercitar el cerebro». Y le tiene pánico a que el Sporting descienda.
-¿Cómo ve al Sporting?
-Desde hace unos años voy poco al campo porque soy un sufridor que lo pasa muy mal. Igual da que gane que pierda, al descanso me tengo que marchar por la tensión. Además, no me gustan algunos insultos que dice la gente. Luego cuando acaba el partido me entero del resultado y de lo que pasó y sigo los resúmenes por televisión y lo que dice la prensa.
-Cambió el partido por el baile.
-Ahora mi esposa María Antonia y yo nos vamos los domingos al Centro del Coto a bailar -ella es apasionada del tango- durante el tiempo del partido para no sufrir. Luego ya me dicen el resultado. Es la gimnasia de la semana.
-¿Qué es lo que más valora de este Sporting?
-Que ahora tiene capacidad para remontar los partidos y ganar a todo un Mallorca, que venía de asustar. Veo un equipo conjuntado y que puede luchar como los demás para mantenerse. Pero en esta Primera puede ganar o perder cualquiera. Salvo los grandes como el Barça o Madrid, que ya es otra cosa.
-Tiene título de entrenador. ¿Qué análisis hace?
-A Preciado no le conozco personalmente y me gustan muchas cosas del equipo como la fuerza, velocidad y que se reforzaron bien atrás. Pero a veces no entiendo algunos cambios. Esto no es criticar porque el técnico es el que trabaja a diario y sabe en cada minuto quién está mejor y por qué le pone. Lo que quiero es que el Sporting siga en Primera porque de bajar sería una catástrofe. El club está en buenas manos y se actúa con prudencia. Además, tenemos una afición que apoya como nunca se ha visto.
-¿Cómo era el equipo de su época?
-Estuve 12 años en el Sporting hasta que me echaron. Al principio en el juvenil Olimpia y Deportivo Gijón. Formábamos un gran grupo con casi todos de Gijón. Eso es clave. Cuando llegué éramos los Prendes, Molinucu, Chano, Sánchez, Ortiz, Cholo y García, conocido por Garciona, que era un central que mandaba mucho y se fue a jugar al Madrid.
-No me habla nada de usted.
-Jugué más de 160 partidos oficiales pero era un jugador de equipo y no una lumbrera. A veces también hice de central cuando uno fallaba o se lesionaba y entonces le ponían de extremo. Lateral zurdo luego me gustó Cundi y ahora tenemos dos buenos como Roberto Canella y José Ángel.
-¿Quién fue el futbolista que más le impresionó?
-Quini. Fue el más grande. Le tenía en el Bosco-Ensidesa de juvenil y jugaba de extremo. Di el informe al Sporting de que remataba de maravilla de cabeza, era habilidoso con los pies y sobre todo mucho olfato de gol. Eso ya se le veía de chaval, pasa como ahora con Villa y por eso acaban siendo grandes.
-En el Caudal hizo de jugador y entrenador a la vez.
-Cuando me echaron del Sporting jugué cuatro temporadas en el Caudal y en la última al estar mal económicamente el equipo y echar a Amadedo, me pusieron a mí. Lo primero que hice fue medio quitarme de las alineaciones para dirigir. En el Sporting ya tenía título de entrenador y luego hice sexto en el título Nacional en Madrid. Más tarde también fui el primer entrenador del UP Langreo, tras la fusión del Langreano y Unión Popular. En aquellos tiempos había que hacer de todo: ser preparador físico, sicólogo, casi médico y estratega. Ahora el técnico lo tiene más fácil.
-¿Y después del fútbol?
-Fui representante de vidrio, de construcción y al final de una multinacional de material quirúrgico. Fueron los 15 años más felices. Después de jubilado voy de pesca a orilla del mar. El sábado aún pesqué 29 fañecas y un calamar.