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Gijón, Nacho AZPARREN
Es rubio, con ojos azules y supera holgadamente el metro y noventa centímetros. El próximo peligro del Sporting bien podría ser escandinavo, pero es navarro de nacimiento y riojano de adopción. Responde al nombre de Fernando Llorente y, a sus 24 años, ha alcanzado la madurez futbolística al mismo tiempo que el Athletic logra una mayor atención en el panorama futbolístico nacional. El domingo, el Sporting visita la Catedral y Llorente buscará su gol número 50 con la zamarra bilbaína.
Difícil papeleta para los jugadores en general y para los centrales en particular. El primero en dar la voz de alarma fue Gerard. «Es un delantero corpulento y muy fuerte, pero además sabe jugar con los pies. Será muy difícil de marcar», explica el catalán. Durante la semana habrá tiempo de sobra para estudiar al ariete, un jugador que tiene tras de sí una historia con mucha miga.
Llorente ingresó muy joven en Lezama. En alevines ya destacaba en las filas del River Ebro de La Rioja. A los once años recibe las primeras ofertas de Barcelona y Espanyol, pero será José María Amorrortu, actual director de la cantera del Atlético de Madrid y que por entonces trabajaba en las categorías inferiores del Athletic, quien le convenza para vestir de rojiblanco.
Amorrortu pronto vio las condiciones de un chico con un potencial mayúsculo. «En alevines ya era muy alto y delgado; destacaba mucho pero le faltaba un poco de fuerza. Además de sus aptitudes físicas sobresalía por su buena coordinación y su juego de espaldas. Lo que más me llamó la atención es que jugaba con mucho desparpajo», subraya Amorrortu.
Llorente abandonó su hogar y se mudó a Bilbao para poder jugar en el Athletic. Amorrortu tenía una joya que aún había que pulir. «El primer paso fue intuir lo que podía dar de sí el jugador, pero después sigue una labor de formación aún más importante. Para que llegue al máximo nivel hay que ir educándole poco a poco, sin someterle a ninguna presión, dejando que se desarrolle con total naturalidad», relata su descubridor.
Su oportunidad con el primer equipo llegó el 16 de enero de 2005. Llorente toma la alternativa de la mano de Valverde y San Mamés le ovaciona. Tres días después, anota tres goles en un partido de Copa frente al Lanzarote. Había nacido un ídolo. La afición bilbaína, ávida de figuras tras la retirada de Julen Guerrero, descubre un Llorente con todos los atributos para ser adorado. En el primer equipo coincidió con otro de los favoritos de la grada: Ismael Urzaiz. «Es un chaval muy extrovertido y eso le facilitó su adaptación al vestuario. Incluso se traducía sobre el césped, jugaba sin complejos», asegura el propio Urzaiz.
Tras un aterrizaje tan fulgurante, a Llorente le costó mantener una cierta regularidad. Entre 2005 y 2007 su contribución es escasa y no consigue hacerse fijo en los esquemas de Mendilíbar, Clemente, Sarriugarte o Mané. Los trazos de un gran futbolista estaban dados, pero aún le faltaba empaque. «Muchas veces es más difícil mantenerse que llegar a la cima. Además, contaba con el problema añadido de que siempre se esperó mucho de él desde el principio y eso le añadía más presión», explica Amorrortu.
Llorente contó además con otro lastre. Por su físico imponente pronto fue comparado con Urzaiz. «En el mundo del fútbol prima la novedad y el cambio, así que cuando llevas unos años en un equipo la gente te empieza a buscar sustitutos. La comparación conmigo le pudo afectar porque suponía una presión añadida para un chaval tan joven», recuerda Urzaiz.
La llegada de Caparrós al banquillo bilbaíno ha dado a Llorente la confianza necesaria para explotar. Ahora, con la vitola de internacional, su caché ha subido exponencialmente. Su amor al club bilbaíno es incondicional pero, ¿puede suponer esto un freno a su carrera? Para Amorrortu, el matrimonio entre Llorente y el club bilbaíno no tiene fisuras: «El Athletic es un equipo que le conviene. Es cierto que puede tener la ambición personal de seguir creciendo, pero hoy en día el Athletic es un equipo de aspiraciones y su ilusión es la de triunfar allí».
Alabado por compañeros, afición y prensa, los piropos terminan cuando se le pregunta a sus rivales. No son pocos los zagueros que le acusan de ser propenso a tirarse en el área. Iván Hernández lo sufrió en sus carnes cuando le pitaron un polémico penalti el año pasado en San Mamés. «La manera que tiene de chocar y de agarrar, porque siempre agarra, es diferente a otros delanteros. A lo mejor al ser más grande los árbitros le ven más, pero no sé por qué le pitan tantos penaltis», asegura el central sportinguista.
Botía, que se enfrentará por vez primera a él, confía en la labor arbitral. «Es mejor dejar a los árbitros tranquilos, seguro que harán lo mejor posible su trabajo. A Llorente lo trataremos como a cualquier delantero, pero conviene seguirle vaya a donde vaya», relata el murciano.
Llorente, tras 49 tantos con el Athletic, quiere redondear la cifra este domingo. Será una buena ocasión para ponderar la novedosa seguridad defensiva sportinguista de este año. Los 195 centímetros del rubio navarro no se lo pondrá fácil.
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