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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Oviedo, Álvaro FAES
Oviedo, E. C.
Oviedo, M. D. B.
«Aquel año se vieron en Ponferrada auténticos despliegues de buen fútbol, pero no tuvimos suerte y terminamos bajando». A pesar de lo que pensaban en el propio club, a Pichi Lucas lo acabaron destituyendo cuando a la Liga de Segunda le quedaban siete jornadas. En realidad buscaban un milagro que no se produjo y al final del ejercicio, ya en el verano de 2007, la Ponferradina regresaba a Segunda B. El técnico que les había sacado de allí por primera vez en su historia se hacía a un lado sin estridencias sólo unos meses después de haber sido el pregonero en las fiestas de la capital del Bierzo. En aquel momento era el héroe del ascenso.
El teléfono de Argimiro Pérez García (Camponaraya, León, 1959) estuvo fuera de servicio durante todo el día de ayer. Había orden de no hablar hasta la presentación de hoy (13 horas, Carlos Tartiere) como nuevo entrenador del Oviedo. Al final, dos semanas después de acabar con Raúl, el club cierra una trayectoria circular y termina donde había comenzado: en uno de los primeros candidatos señalados, el que no puso pegas, quizás el que presentó al club las mejores condiciones.
Los que le conocen dicen que sus equipos sólo saben jugar para ganar y que lo hacen con buen trato de balón, juego combinativo y siempre pensando en el espectáculo. Dan fe en Compostela, Ponferrada y Cartagena, las tres estaciones donde se detuvo su carrera de entrenador antes de la parada en Oviedo. No descuida la parcela física pero tampoco la convierte en una obsesión, todo lo contrario de lo que sucede con la privacidad que exige en el vestuario, donde no tolera procesiones ni visitas antes de los partidos. Una dureza que se diluye a la hora de tratar con los futbolistas. «Habla mucho con ellos y los mima bastante, pero les controla lo justo, no les come la cabeza, aunque pobre del que le falle», dice un directivo de unos de sus últimos clubes.
Ya era así en su época de jugador, como cuenta José Manuel Espinosa, el ex central del Sporting con el que compartió vestuario en el Celta con Díaz Novoa como técnico. «Era de los veteranos y ayudaba a los nuevos a integrarse, a pesar de que ya no jugaba mucho». El brasileño Amarildo le cerraba el paso en sus últimos años en Vigo, donde fue un auténtico goleador en los ochenta.
Ya desde niño demostraba instinto y pronto, el rotundo y difícil Argimiro dio paso a «Pichi», de Pichichi, junto a Lucas, su segundo nombre.
El pequeño Argimiro abandonó pronto su Bierzo natal. La familia se trasladó a Vigo por el trabajo del padre, enólogo de profesión. De ahí le viene a Pichi Lucas su afición a los buenos caldos y también a la gastronomía. En Galicia creció como futbolista y Pedrito, un defensa contundente del Celta de los años sesenta, lo descubrió en los juveniles del Rivadavia de Orense. Del Gran Peña, filial celtiña, pasó al Córdoba. Allí cumplió el servicio militar y, otra vez de la mano de Pedrito regresó a Vigo. Entre los dos prendió una gran amistad. Tanta, que el nuevo entrenador del Oviedo apadrinó al hijo del que ya consideraba su padre deportivo. Curiosamente, al bebé lo llamaron Lucas y con el paso de los años se convirtió en una estrella de la música para adolescentes, como integrante del dúo «Andy & Lucas».
Aunque toda su familia permanece en el Bierzo, Pichi echó raíces en Vigo. Logró 69 goles con el Celta y en la temporada 1981-82 hizo honor a su apodo y fue máximo goleador de Segunda, con 27 tantos, auténtico protagonista del ascenso a Primera. Aun vivió dos más, en plena época de sube y baja del equipo celeste. Se casó con Aida, una mujer con raíces asturianas con la que no tuvo hijos y que en la actualidad regenta un gimnasio en Vigo.
En los primeros ochenta, las campanas del Calcio sonaron para Pichi Lucas, pero la operación con el Torino no terminó de cuajar y continuó toda su carrera en Balaídos hasta que al subir la exigencia a la vez que su edad decidió que sus últimas temporadas serían en el Orense y en el Compostela. Del césped del Multiusos pasó directamente al banquillo, donde le tocó vivir la peor época del club, que culminó con su desaparición. Tras su brillante paso por la Ponferradina sustituyó en el Cartagena a Fran Alcoy. En su primer entrenamiento sorprendió: llamaba a todos los futbolistas por su nombre de pila y desvelaba así ser un gran conocedor de la categoría. De las ofertas que tuvo la temporada pasada ninguna llegó a convencerle y el ejercicio actual lo comenzó también en la reserva. Al contrario que otros, no se planteaba grandes proyectos. Los hubo como Luis César Sampedro que rechazaron al Oviedo porque olían sangre en los banquillos de Segunda. Pichi nunca tuvo dudas y desde que su nombre salió a la luz, hace ya diez días, se dijo dispuesto a asumir el reto carbayón.
«Si le dejan tranquilo acabarán subiendo, sus equipos terminan jugando de memoria», asegura una persona que trabajó muy cerca de él en uno de sus equipos anteriores. Los entrenamientos de Pichi Lucas se convierten en fútbol en estado puro. El balón nunca desaparece y en las sesiones de trabajo demuestra su cercanía con los futbolistas. De su bonhomía da prueba su salida de la Ponferradina. Destituido cerca del final, no dijo una palabra más alta que otra. Hoy en día, mantiene una gran amistad con Jesús Tartilán, ahora director general del club y secretario técnico cuando acordaron su salida. Todavía se deja caer de vez en cuando por El Toralín. A partir de hoy tendrá menos tiempo. El que le quitará su mayor desafío como entrenador.
El jugador asturiano de la Ponferradina Nacho Fernández se deshace en elogios hacia el nuevo técnico azul. «Me entrenó en Segunda, cuando llegué a la Ponferradina, y la verdad es que es un diez como persona, además de un buen técnico».
Para Fernández, que militó en la categorías inferiores del Oviedo, Lucas va a saber ganarse a la gente. «Suele tener contento a todo el mundo por su buen carácter, sobre todo a los jugadores, porque es un hombre que se preocupa mucho, que habla con todos uno a uno». En cuanto a la metodología de trabajo del entrenador oviedista, Fernández destaca sobre todo «la tensión de los entrenamientos, hace que los futbolistas trabajen al máximo y no porque sea duro, que si es necesario serlo lo será, sino porque va a saber ganarse el respeto de todos sin necesidad de gritos o broncas, sino gracias al día a día».
«Deja al futbolista hacer lo que realmente sabe». Así recuerda el ex sportinguista Dani Borreguero a «Pichi» Lucas, que le dirigió en su primera temporada en la Ponferradina, en Segunda División. «Para mí, después de un año difícil en el Hércules, fue una experiencia muy buena».
Aparte de dar libertad a sus jugadores, según Borreguero el nuevo entrenador del Oviedo se define por el fútbol de ataque: «Pese a ser un recién ascendido, casi siempre con dos puntas. Hacíamos un juego vistoso y con ritmo alto, pero en muchos partidos nos faltó una pizca de suerte».
Borreguero también elogia la forma de entrenar de Lucas, «ameno y casi siempre con balón». Y el trato a los jugadores: «Nos apoyó siempre, incluso en los momentos difíciles». La afición de Ponferrada nunca le cuestionó y su destitución, según Borreguero, «fue muy al final, buscando casi un milagro, a la desesperada».
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