Gijón, J. E. C.
-¿Quién le impresionó?
-Extranjeros de mi época Cruyff, Van Basten y Maradona. Y de España, Quini. No vi a nadie rematar a puerta de cabeza o con el pie como El Brujo.
-Fue uno de los tres a los que no encontró la Federación Española en su centenario.
-No era difícil buscarme en Cuba, pero tampoco soy amigo de esas celebraciones. Eso de los «abrazos de Vergara» y las palmadas en la espalda no me gusta porque en la mayoría de los casos recibí puñaladas aunque yo diera abrazos de verdad. Ese enorme gasto federativo mejor se hubiera ahorrado para entregar ese dinero a los clubes más humildes o a los que lo necesitan. Un abrazo de verdad me hubiera gustado darle a Quini por su enfermedad, al desaparecido José Manuel o a otros amigos y compañeros.
-¿Cómo vive en Cuba?
-Bien y tranquilo. Llegué en 1996 por unos amigos de Málaga como representante de amueblamientos turísticos. El Caribe siempre me gustó y puse una empresa en la República Dominicana que no me fue bien. Y desde hace unos años cambié para una distribución de módulos de construcción (Modulcea, del grupo Imasa) de Zamora, que son una especie de contenedores para fabricar pisos, chalets y oficinas. Me va bien.
-Detalle un día normal.
-Me levanto a las 6,45 horas, desayuno, a la vez que veo las noticias de TVE. Luego en el ordenador miro el correo y contesto la información que me piden sobre mi trabajo. Después acudo a las reuniones y visitas de trabajo. Se termina cuando se puede y no hay horario. A continuación me voy para casa y pasa otro día. Salvo que tengamos por tele partidos internacionales que vamos a ver entre amigos. Uno de ellos es el famoso cantante Luis Gardey.
-¿Qué reto se pone?
-No se puede decir, porque da mala suerte.