Gijón, Mario D. BRAÑA
Del 0-4 de febrero al 0-0 de ayer hay la misma distancia que entre aquel Sporting entregado y el actual, mucho más cuajado y atento a todos los detalles del juego. Durante casi una hora el equipo de Preciado trató de tú a tú al de Pellegrini, hasta que el cansancio y las urgencias blancas impusieron la lógica y Juan Pablo pasó a estar en el punto de mira. El Madrid no tuvo muchas ocasiones, pero sí las suficientes para llevarse la victoria, como tantas y tantas veces. Un par de paradas del portero y la evidente falta de autoridad del Madrid, con un fútbol a años luz de su nombre, bastaron para que el Sporting arrancase un punto que El Molinón, 30 años después de corear el «Así, así, así gana el Madrid» celebró como un triunfo. Y en cierta medida así fue, porque dejó a cero a este Madrid de tres goles de media por partido.
Porque el sportinguismo necesitaba una prueba como la de anoche para acabar de creer en su equipo. La confirmación de que la mejoría no sólo sirve para zurrar a sus iguales, sino que también alcanza contra los ilustres. La única duda que queda una vez visto de cerca el segundo proyecto de Florentino Pérez es si este Madrid merece tan alta consideración.
El Madrid llegaba rebajado por numerosas e importantes ausencias y, encima, Pellegrini sorprendió con una alineación en la que Kaká era la referencia en ataque y Raúl el que se buscaba la vida entre líneas, casi siempre lejos del área. Los problemas que tiene este equipo para hilvanar jugadas se multiplicaron por la falta de operatividad del brasileño. Pellegrini condenó a Kaká a recibir casi siempre de espaldas, con cualquiera de los dos centrales echándole el aliento en el cogote. Un sinsentido, sobre todo viendo los desperfectos que provocaba el «8» cada vez que se dejaba caer a una banda.
La mejor jugada del Madrid en todo el primer tiempo llegó así, con un caño de Kaká a Botía en posición de extremo izquierdo. Si aquella maravilla acabó en nada fue por la concentración defensiva de los jugadores del Sporting, que taparon consecutivamente los remates del propio Kaká, Granero y Marcelo. Un ejemplo claro de que el Sporting de ayer no tenía nada que ver con el apático y contemplativo de la pasada temporada.
Salió muy enchufado el Sporting, como corresponde cuando enfrente hay uno de esos equipos especializados en aprovechar el más mínimo desliz, incluso en estos tiempos de apagón de la galaxia. Defendió bien el Sporting, con orden y con intensidad, encimando a los más madridistas más jugones. Que, por cierto, no había muchos por la insistencia de Pellegrini de escoltar a Xabi Alonso con cualquier Diarra que tenga a mano, con lo que eso supone de handicap para la circulación del balón.
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