Gijón, Eloy MÉNDEZ
Cuando la llanisca Ana Amieva vio sobre el césped a Kaká puso tal cara de euforia que su padre, Ramón, dio por bien pagados los 240 euros de las dos entradas para la tribuna oeste. «Cómo presta estar cerca de los cracks», dijo la joven, que ayer entró a El Molinón por segunda vez en su vida, tantas como ha jugado el equipo capitalino en Asturias desde que tiene uso de razón. A pesar de eso, se sentía como en casa. «A los del Madrid aquí nos respetan mucho», aseguró nada más tomar asiento para derribar uno de esos mitos futbolísticos que dicen que Gijón es una plaza especialmente antimadridista. Aun así, la aficionada merengue sabía que iba a pasar noventa minutos en territorio comanche.
Se lo dejaron claro desde la fila de atrás Abel López y Jesús León, dos amigos del alma de 15 años que van juntos a clase, juegan en el mismo equipo, son de la misma pandilla y, cuando toca, ocupan, uno pegado al otro, su butaca en la recién remozada «tribunona». «¡Illa, illa, illa, Villa, maravilla!», jalearon nada más vieron aparecer a Raúl por la salida del túnel de vestuarios. Un grito que el sportinguismo acuñó la temporada pasada para atosigar al delantero blanco, antaño en pugna con el «Guaje» por el «7» de la selección. Sin embargo, el lema apenas se escuchó ayer un par de veces. Primero porque Raúl no mojó y no pudo reeditar «doblete». Y segundo porque ya nadie duda de que la vanguardia del combinado nacional tiene acento asturiano.
Lo que sí cantó el público gijonés cada dos por tres fue el «así, así, así, gana el Madrid». Una rima que hoy cumple treinta años de «copyright» rojiblanco. «Cada vez que el árbitro pite algo mal, hay que gritarlo», le explicaba Javier Álvarez a Clara Rivas en el minuto 5, primera vez que se escuchó el chascarrillo en los graderíos. «Estamos dominando, el Madrid todavía no rascó bola», dijo unos asientos más allá Roberto Viego.
«Huyyyy». Un disparo lejano de De las Cuevas mediada la primera parte puso en pie a Juan Montero, de Pola de Laviana y del Madrid siempre, menos cuando juega contra el Sporting. «Les estamos bañando», sentenció nada más empezó a llover. Antes, se había hecho una fotografía con Mate Bilic, embutido en la camiseta que los jugadores locales lucieron durante el calentamiento con el lema «Gijón con sal», última campaña municipal de promoción turística.
«Ahora el partido está más soso», analizó Montero poco después de que comenzara la segunda mitad. Pero la cosa se volvió a animar. Pese al dominio visitante y a la poca fluidez en el juego, la esperanza de darle un bocado a «los millonetis» -como llama Sergio Cases a los de Florentino Pérez- hizo vibrar al personal, que no fue muy original a la hora de seleccionar insulto para Guti cuando entró al campo a falta de media hora para el final. Un final que llegó con empate sin goles, pero que fue festejado por los sportinguistas como pocas victorias y aceptado como un mal menor por la embajada madridista que ayer acudió a El Molinón.