Gijón, Nacho AZPARREN
Manuel Preciado se encargó de recordar tras el partido contra el Real Madrid que el acierto defensivo del Sporting se debía al trabajo de todo el equipo, desde el guardameta al delantero. Sin embargo, si hay que individualizar, los dos grandes baluartes defensivos del sábado fueron el central Botía y el meta Juan Pablo.
Para Botía, el encuentro tenía una connotación especial. Formado en La Masía, fábrica de grandes talentos culés, el murciano vivió su particular derbi. «No escondo que para mí el partido tenía un plus por mi pasado barcelonista. De momento no he recibido muchas llamadas de mis amigos de Barcelona por el favor que les hemos hecho, pero seguro que hoy me llega algún mensaje en ese sentido», asegura el murciano.
Alberto Botía es de los que celebraron la igualada como si de un triunfo se tratase, teniendo en cuenta el notable nivel del rival que tenía en frente. «El empate se celebró en el vestuario como si se tratase de una victoria. La calidad de los jugadores del Real Madrid está fuera de toda duda, como demuestra el hecho de que llevaran una media de tres goles marcados por partido, por eso cobra especial importancia haber dejado la portería a cero», subraya el central. En cuanto al desarrollo del partido, Botía considera que «no sé si ha sido el mejor partido defensivo de la temporada, pero hemos estado casi perfectos. Es cierto que en la segunda parte se complicó el partido porque el Madrid dispuso demasiado tiempo del balón y al final apretaron con su peligro a balón parado, pero supimos sufrir». El sportinguista se encontró con un rival fantasma, ya que la movilidad de Raúl y Kaká no le permitieron tener una referencia a la que cubrir durante el partido. «Para un central es más sencillo defender a un delantero fijo en el ataque, pero Raúl y Kaká no nos lo pusieron fácil porque se iban intercambiando las posiciones. Al principio cuesta, pero con el paso de los minutos te vas entonando y te acostumbras a su juego», razona.
Pero la mayoría de los flashes de la jornada no se los llevó ningún jugador de campo, sino el guardameta Juan Pablo. El leonés reconoció haber descansado mal la noche posterior al partido, pero por causas que poco tenían que ver con el mismo. «No he dormido demasiado porque me tocaba a mí cuidar de mi hija recién nacida. De todas formas, no soy de los que repasan mentalmente los partidos, aunque cuando tengo algún error sí que me cuesta más desconectar», reconoce el portero.
Entre todas sus intervenciones ante los jugadores madridistas, su pie salvador al disparo de Granero fue la acción más repetida en el día después del partido. Juan Pablo, sin embargo, apunta otras claves para explicar su gran actuación: «Personalmente me produce más satisfacción mostrarme seguro en los balones aéreos que una gran estirada. Si te muestras fiable por arriba transmites confianza a la defensa y, poco a poco, te va dando moral en el partido, que fue lo que me ocurrió el sábado».
Para el Real Madrid, un punto es sinónimo de fracaso y por eso a medida que el partido se encaminaba al minuto 90 la presión de los blancos crecía hasta asfixiar el juego gijonés. En esos momentos críticos los jugadores encontraron un incansable aliado: «El sábado la afición estuvo impresionante, este valioso punto también es de ellos. No quiero ni imaginarme cuando El Molinón esté totalmente acabado el ambiente que se vivirá allí». Las celebraciones se acumularon además para el leonés. A su gran actuación y al punto sumado se une su partido 50 en Primera División. «Ojalá pueda celebrar otros 50 más. Cuando empecé a dedicarme a esto nunca me imaginé que llegaría hasta donde estoy ahora», relata el cancerbero.