JUAN J. ALONSO
Creo que el Barça puede permitirse el lujo de no ganar la Liga de Campeones esta temporada pero, así todo, también creo que veremos al Barça jugar la final de la Liga de Campeones en el estadio de Los Otros. No es que el partido contra ese equipo ruso con nombre de malo de las películas de James Bond me haya asustado, sino que me ha convencido de que ganar siempre es tan imposible como llegar a un acuerdo universal acerca de cómo demonios se escribe Chigrinsky. Y, así todo, confío en que el Barça gane su segunda Copa de Europa consecutiva en casa del mejor equipo del siglo XVI, o XII, o VII... No sé, no recuerdo muy bien esa parte del rosario blanco. La literatura producida por el lobby madridista tras la derrota del Barça ante el doctor No, Goldfinger, Le Chiffre, Scaramanga, Rubin Kazan o como se llame ese equipo ruso casi nos convence de que estamos ante una temporada de terror azulgrana, cuando sólo se trata de un sobresalto. Y, así todo, me parece que un sobresalto de vez en cuando le viene bien al Barça, a James Bond, a Indiana Jones y a todos los héroes sin poderes sobrenaturales.
Fernando Savater dice que mientras la literatura es propicia al miedo, el cine debe contentarse con frecuentar las diversas formas del sobresalto. En fútbol ocurre algo parecido. Después de una derrota del Barça, la literatura deportiva se empeña en hablar de casas encantadas, fantasmas, monstruos, vampiros y posesiones diabólicas. Los chicos de Guardiola pierden contra el Scaramanga Kazan y nos cuentan que estamos ante el hundimiento de la casa Usher o perdidos en el horror del corazón de las tinieblas. La literatura tiene, además, una ventaja frente al cine, y es que un cuento soporta mejor la lentitud que una película. Si el Barça pierde, los cuentos de terror protagonizados por el fantasma de Eto'o duran una semana entera, y se regodean en la baja forma de Messi, la decadencia de Xavi y el alma condenada de Ibrahimovic. Pero esa lentitud casi morbosa con la que los escritores de cuentos de terror tratan de meternos miedo no se puede llevar al cine, es decir, al terreno de juego. Ahí, en el pasto, el miedo se transforma en un simpático sobresalto.
Aunque sobresaltados por la derrota 1-2 ante el Rubin Goldfinger, los barcelonistas pudimos dormir perfectamente y sonreír con los cuentos de terror que al día siguiente llenaban las páginas de los periódicos. No es lo mismo sobresaltarse con un mal partido de Messi que asustarse con un Messi triste, decadente y previsible. Esto último sólo es un cuento de terror.