Gijón, Nacho AZPARREN
Una casa debe asentarse por unos cimientos sólidos al igual que un equipo debe hacerlo sobre una defensa compacta. Al menos eso es lo que debió de pensar la dirección deportiva del Sporting al final de la temporada pasada cuando decidieron que las incorporaciones en la zaga eran prioritarias. Unos meses más tarde, y ya con Juan Pablo, Botía y Gregory en el plantel, los números dan la razón a esta teoría y el Sporting se ha convertido en un equipo sin fisuras.
El último duelo liguero contra el poderoso Real Madrid ha llamado la atención de todo el país sobre un trabajo que venía gestándose desde el comienzo de la competición. Y si hay que remitirse a hechos, los números hablan por sí solos. El equipo ha recibido nueve goles en las ocho jornadas que se llevan disputadas. Para encontrar un comienzo similar se debe acudir a la temporada 1995-96, donde los pupilos de Ricardo Rezza firmaban un comienzo tan prometedor como el actual, con los mismos tantos recibidos y un punto más en el casillero. En las primeras ocho jornadas de Liga, la línea defensiva más habitual de aquel Sporting fue la formada por Velasco, Giner, Pablo y Bango, con Ablanedo en la portería y las intervenciones más esporádicas de Tino, Muñiz y Marcelino. A pesar del brillante comienzo de aquella temporada, el equipo no pudo mantener esa buena línea y finalizó el campeonato en la 18.ª posición de la Liga de 22 equipos.
Pero los datos que invitan al optimismo no terminan aquí. El último Sporting que logró plaza para disputar la UEFA, el de la temporada 1990-91, presentaba registros peores que los del actual conjunto rojiblanco. El equipo entrenado por García Cuervo sumaba 9 puntos y había recibido un gol más que en la presente temporada, 10. A estas alturas de competición Ablanedo II era el guardameta titular y la zaga solía estar ocupada por los indiscutibles Jiménez, Abelardo y Juan Carlos. Tati, Pablo y Ablanedo I se disputaban la plaza vacante en la retaguardia. El comienzo de aquel Sporting no daba excusas para el optimismo y la destitución de García Cuervo en la 12.ª jornada de Liga oscurecía el panorama. Sin embargo, de la mano de Ciriaco Cano el equipo consiguió volver a pasear el nombre de Gijón por Europa.
Ahora, el objetivo es la permanencia y así se encargan de recordarlo siempre que pueden directivos, cuerpo técnico y jugadores. Sin embargo, los datos no engañan. Si el trabajo defensivo de la escuadra gijonesa sigue dando sus frutos, el equipo continuará sumando y la afición seguirá soñando.