VÍCTOR RIVERA
El primer trago de la Copa resultó insípido. En el paladar queda el regusto dulce de saber que el Sporting estará en la próxima eliminatoria si logra mantener su portería a cero en El Molinón. Es lo bueno de marcar en campo contrario. Los de Preciado pudieron lograr la victoria en su vuelta al Colombino, de no ser por un despiste defensivo que pagaron muy caro. Tampoco es que los rojiblancos hicieran gran cosa para lograr el triunfo. El empate dejó contentos a todos. Al Recreativo, por la pequeña proeza que supone la igualada ante un Primera División que viene de tutear a todo un Real Madrid. Y al Sporting, porque la eliminatoria le queda encarrilada para un Molinón en el que tendrá el apoyo de su afición.
Partidos como el de anoche le quitan todo el crédito a un torneo de tanta solera como la Copa del Rey. Ni los entrenadores de ambos equipos ni la afición local valoraron en exceso un encuentro que fue visto por todos como un trámite. Y eso que la directiva onubense fijó unos precios populares que no tuvieron el reflejo esperado en el aforo. La afición recreativista no le encontró el atractivo al «partidillo» entre un puñado de reservas, por mucho que algunos vengan de la Liga de las estrellas, y dejó las gradas prácticamente vacías.
La frialdad del ambiente caló a los futbolistas. En especial a los del Sporting, a los que les costó meterse en el partido. Tanto fue así, que cuando quisieron darse cuenta ya iban por detrás en el marcador. La reacción no llegó hasta los minutos finales del primer tiempo. Luego, ya en el segundo, los rojiblancos dominaron el partido a su antojo, aunque sin abusar de un rival netamente inferior. El Sporting se conformó con el empate y aflojó el pie del acelerador cuando daba la sensación de que podría ganar con un poco más de intensidad.
Si el partido de anoche permitió sacar alguna conclusión en claro, es que el otro Sporting está a medio hacer. Tras el atracón de fútbol de primer nivel y de éxitos que han supuesto las tres últimas jornadas ligueras, Manuel Preciado quiso airear su fondo de armario. En un encuentro descafeinado ante los reservas del Recreativo, el técnico formó un once con los trapitos que le quedaban de otras temporadas. Al equipo le costó entrar en el partido, pero a medida que se fueron soltando, hubo futbolistas que dejaron asomar algunas puntadas con gran estilo. En particular, Bilic y Kike Mateo, los héroes del ascenso que han caído en el cajón del olvido. Lo cierto es que la alineación que presentó ayer Preciado recordó en muchos hombres al Sporting de temporadas anteriores. Fue el tiempo para la nostalgia.
Curiosamente, el Sporting naufragó donde menos se esperaba. Botía, el único de los teóricos titulares sobre el césped, estaba en otra cosa. El murciano sufrió una pájara tras la exigencia a la que le sometieron Llorente y Kaká y abrió un agujero en la defensa rojiblanca. Por esa vía llegaron el gol local y un segundo susto para Cuéllar. A Botía le faltaba la motivación que buscaban otros de sus compañeros sobre el césped.
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