ANTONIO RICO
Veamos. ¿Y si el Estado ejerciera su poder tomando parte de las riquezas de unos equipos de fútbol para mejorar la situación de otros equipos más desfavorecidos? Ésa es la idea básica sobre la que descansa el sistema impositivo en las sociedades contemporáneas: los impuestos garantizan cierta redistribución de la riqueza, y sirven para sostener servicios fundamentales como la educación o la sanidad. ¿Y por qué no el fútbol? ¿Es el fútbol menos importante que la educación o la sanidad? Bueno, sí, pero hay que reconocer que el fútbol alegra la vida, llena los bares, favorece el turismo, crea vínculos, da conversación en los ascensores (¿a quién le importa el tiempo que va a hacer mañana?), une lo que no se puede unir, separa lo que es inseparable, es relajante y permite la prosperidad del gremio de fabricantes de bufandas de colores. ¿Por qué no un sistema impositivo en el fútbol?
Que no nos engañe la actual clasificación del Campeonato de Liga de Primera División. Dentro de unas cuantas jornadas, las diferencias entre el Barça y el Madrid y el resto de los equipos serán tan grandes que los enemigos del fútbol sacarán del armario su argumento favorito: «¡Bah! Vaya deporte más aburrido: siempre ganan los mismos». Como si la vida fuera muy diferente. Pero, en fin, no permitamos que los infieles nos ataquen con el aburrido argumento del aburrimiento. Propongo que el Estado obligue al Real Madrid a ceder inmediatamente a Higuaín al Xerez. El Barça tiene un sistema defensivo impecable, así que debe permitir que Chigrinsky se vaya al Atlético de Madrid, por ejemplo, a ver si es posible que los chicos de Quique dejen de encajar goles absurdos en momentos absurdos. ¿Por qué Zigic tuvo que volver al Valencia, con lo bien que estaba en el Racing? Hagamos que Robin Hood se convierta en funcionario del Estado y visite con su uniforme verde, su perilla y su encantador gorrito a los jefazos de los grandes equipos: «Hola, soy Hood, Robin Hood. He venido a redistribuir la riqueza futbolística, así que haga el favor de ceder un par de meses a Cristiano Ronaldo al Málaga». ¿Qué tal?
Imagino que acabo de ganarme el aprecio de los aficionados del Málaga y el desprecio eterno de los seguidores del Madrid. Contaba con ello. El fútbol es un deporte liberal ultraconservador que sigue las teorías de Robert Nozick (el autor de la teoría del «Estado mínimo») como el trueno sigue al rayo. Todos estamos de acuerdo en que una sociedad justa debe procurar que la distribución de los bienes sea justa, pero Nozick dice que una distribución de bienes es justa si procede de otra distribución justa, a través de medios legítimos; es decir, si las adquisiciones y las transacciones han respetado el derecho de propiedad de cada individuo. El Barça se hizo con un jugador descomunal como Ibrahimovic a cambio de un jugador descomunal como Eto'o y, encima, un montón indecente de millones. ¿Y qué, dirán los liberales? La distribución de bienes entre el Barça y el Inter fue justa porque procedió de otra distribución justa a través de medios legítimos (Barça e Inter contrataron en su día a Eto'o y a Ibrahimovic pagando lo que correspondía a sus clubes). El Estado sólo debe intervenir cuando alguien obtiene una propiedad de forma injusta, pero no tiene que ocuparse de la redistribución de los bienes. Sin embargo, quizá sería conveniente que el Estado interviniera para solucionar los alucinantes problemas defensivos del Atlético de Madrid, la angustiosa falta de gol del Xerez o los problemas existenciales del Villarreal. ¿Cómo? Con impuestos a las lujosísimas plantillas del Barça y del Madrid.
Ya puestos, ¿por qué no pedir al Estado que se haga cargo del coste de los servicios fundamentales de los equipos de fútbol de Primera División? Un portero con garantías para cada equipo (Dida, el portero del Milan, tendría que dedicarse a otra cosa, claro), una defensa digna de ese nombre, un centrocampista que sepa parar el balón y luego pasarlo en condiciones a un amigo, una delantera que meta goles y un entrenador que no confunda en fútbol con el Instituto Tecnológico de Massachusetts. ¿Se venderían menos bufandas de colores en este fútbol socialdemócrata? Yo creo que no. Robin Hood, ajústate tu gorrito y prepárate para luchar contra los abogados de Florentino.