La Coruña, Víctor RIVERA
«Nos da igual que llueva, aquí con unos albariños se arregla todo». El gijonés Alejandro Álvarez Sala ejerce de improvisado portavoz del sportinguismo. Es la hora del vermut y la lluvia cae con fuerza sobre la calle de La Barrera, donde el ánimo no decae. Todo son camisetas rojiblancas, canciones que destilan sportinguismo y buen rollo en cantidades industriales. Después de semanas planeando el viaje, la lluvia no va a enturbiarlo. La Mareona rojiblanca se mojó ayer por partida doble. Primero por la intensa lluvia que cayó durante toda la jornada en las calles de La Coruña. Más tarde, a la caída de la noche, con su apoyo incondicional al equipo de sus amores. Dice Preciado que en su equipo todos son importantes, y la Mareona, tanto como el que más.
Alejandro Álvarez Sala viajó con un grupo de amigos entre los que se encuentran Ana Serrano y Pablo Trigo y aprovecharán la jornada festiva en Asturias para hacer noche en La Coruña. Unos pasos más allá dos niñas son el centro de la fiesta. Aparecen en el quicio de una ventana y van vestidas del Sporting de arriba abajo. Míriam y Begoña Rodríguez Calleja congregan a su alrededor un pequeño grupo de espectadores mientras las pequeñas «playinas» bailan, una tras otra, todas las canciones del sportinguismo.
En la calle de La Barrera no falta de nada. Hay hasta una barraca sobre la misma calle peatonal. Allí, acodada en una esquina, espera su turno la vecina de La Calzada Chus García Durán, a la que acompañan los hermanos Gil, Begoña y Jesús, de Pumarín. «La noche del sábado fue la bomba», espeta Chus a la que no le asusta la lluvia: «No nos ves, lo llevamos fenomenal, no hay quien nos pare».
El grupo más curioso lo conforma la familia Cerra, miembros todos de la peña el Parrochu. El viaje lo hicieron en furgoneta y en ella se metieron nueve componentes de esta simpática familia. «Pasámoslo bomba». Su portavoz confirma lo que ya era más que evidente. A medida que se acerca la hora del partido crecen los nervios en la Mareona.
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