Oviedo, N. L.
El único punto sumado ante el Rubin Kazan obliga al Barcelona a sumar cuatro en sus dos últimos choques de la fase de grupos (en casa ante el Inter y en Kiev frente al Dinamo) para asegurarse su presencia en los octavos de final de la Liga de Campeones, competición de la que es campeón vigente. Pero al margen de unas urgencias que nadie aventuraba en vísperas del primer choque ante el campeón ruso, el doble enfrentamiento ante el Rubin ha puesto en evidencia la progresiva traslación de Messi hacia la zona central abandonando la banda derecha, aquella que fue considerada sin discusión la mejor del mundo con la compañía del brasileño Alves.
Messi, el crack del Barça, el máximo candidato al «Balón de oro» y al «FIFA World Player», quizá se haya ganado a pulso la libertad de decidir su radio de acción, la zona del campo en que cree que puede hacer más daño. Pero con Messi de enganche el Barcelona pierde una banda y llega el atasco por el centro. La frontal se convierte en un vagón de metro en hora punta y entonces o el argentino resuelve con una genialidad -y ahora no está para genialidades- o el ataque acaba estrellándose contra un muro. Y en los dos partidos ante el Rubin el Barça se estrelló contra ese muro. La táctica del Rubin, sencilla: amontonar jugadores en el centro de la defensa y esperar pacientemente, y sin perder el sitio, a que Ibrahimovic y Messi chocaran con ellos.
En Kazán el juego azulgrana por las alas se limitó a la aparición de Iniesta desde la punta izquierda. La derecha fue un inmenso páramo, un agujero negro en el que Alves, que bastantes problemas tenía con contener las internadas del bullicioso Kaleshin, no daba abasto. Ese espacio es el que debía haber ocupado Messi, como sucedía la pasada campaña. Con Messi y Alves combinando se crean constantes situaciones de superioridad. El central cae a banda para ayudar al lateral que intenta parar a Leo, dejando un hueco en el eje de la zaga que los centrocampistas pueden aprovechar llegando desde la segunda línea. Todo lo contrario de lo que sucedió ante el conjunto tártaro.
Es cierto que la capacidad resolutiva de Messi alcanza su máximo esplendor en la mediapunta. Quizás eso sea lo mejor para él, pero no para un equipo en el que el juego de posición, la circulación del balón y la gestión de los espacios lo es todo. No es malo que el actor improvise, pero partiendo de un buen guión que lo haga creíble, y el mejor guión para este Barcelona se escribe con Leo partiendo de la derecha.