Gijón, Nacho AZPARREN
Los aficionados del Espanyol cuentan que en la vida sólo ha habido dos porteros: San Pedro en el cielo y Ricardo Zamora en la tierra. «El Divino», devoto del coñac y consumidor de tres paquetes diarios de cigarrillos, fue el primer jugador mediático en la historia del fútbol patrio. Protagonizó anuncios, canciones y películas y, gracias a esa fama que traspasaba fronteras, convirtió al Espanyol en el primer club del país que hizo una gira por Sudamérica, en 1926. Muchos le imitaron después, llegando incluso hasta el lejano Oriente.
Pero por encima de toda anécdota, Zamora fue el gran portero que hizo célebre al Espanyol en los albores de la liga española, allá por los años 20. Desde su debut con 16 años en la portería españolista, Zamora se convirtió en el santo y seña para los aficionados, que incluso le perdonaron su exilio voluntario de tres años en el Barcelona y su millonario traspaso al Real Madrid (150.000 pesetas, más un sueldo de 3.000 mensuales) en la recta final de su carrera.
Que el mejor jugador de la historia de un club sea portero debe dejar una impronta muy marcada, que hace que se mire con lupa a cada guardameta que viste su camiseta. Medio siglo más tarde de la salida de Zamora, los aficionados periquitos encontraron otro arquero al que adorar: el camerunés Thomas N'Kono y sus inseparables pantalones largos. Nadie como el guardamallas camerunés tocó la fibra de la afición blanquiazul. «En un club donde se ha adorado tanto la un arquero nacional como Zamora, el hecho de que un extranjero ocupara la portería chocaba un poco en mi época», comenta el propio K'Kono, primer portero negro y africano que llegó a Europa. El resto es conocido: 241 partidos tras 8 años como blanquiazul y su conversión en ídolo de la afición.
Pero la influencia de K'Kono en el Espanyol no moriría con su salida del equipo en 1990. Años después de su retirada, el mítico arquero inició su carrera como entrenador de porteros y su camino volvió a juntarse con el del club catalán. Desde su nueva posición recomendó al club el fichaje de un portero insultantemente joven con unas maneras fantásticas: «Tuve a Kameni en la Selección Olímpica en 2000 y pronto me di cuenta de su potencial. Era un guardameta con unas condiciones asombrosas pero que debía mejorar en aspectos técnicos. Le conseguí una prueba con el Espanyol, pero su incorporación fue imposible porque el cupo de extranjeros estaba completo».
Así que el nuevo ídolo camerunés tuvo que esperar hasta 2004 para seguir los pasos blanquiazules de N'Kono, quien se muestra orgulloso de la trayectoria de su pupilo. «Sabía que era un fichaje apetecible por su bajo coste, juventud y proyección. Es cierto que siento un especial orgullo al tratarse de un jugador que yo mismo he recomendado. Hoy por hoy se puede decir que es un portero de Primera División y podría jugar en cualquier equipo».
Su fuerte carácter ha tardado en calar entre la hinchada. Incidentes como el ocurrido el año pasado, cuando agarró por la pechera a un aficionado que le acusaba de no querer renovar con el Espanyol, tampoco le han ayudado. Para su descubridor, fue un hecho aislado: «Es un chico amable con todos, de los que no se cansa de firmar autógrafos y un profesional muy serio. Aquel incidente fue un momento de tensión que le puede pasar a cualquiera».
Ahora, el Espanyol respira tranquilo con sus actuaciones y él lucha por ser el portero menos goleado (sólo le superan Valdés y Casillas). Una condecoración conocida como «Trofeo Zamora», en honor del primer gran portero españolista.