Barcelona, N. L.
El Barça del Camp Nou, al menos en la Liga, sí ve puerta. Incluso como, cuando ayer, Guardiola revoluciona la alineación y deja de mano en el banquillo a Xavi, Messi e Iniesta. Entonces aparece Pedro y le responde como siempre, con goles. O resucita Henry, que volvió a ver puerta después de seis meses, concretamente desde que contribuyó con dos tantos al 2-6 del Santiago Bernabeu el 2 de mayo. Al final también jugaron los titulares y Messi logró su trofeo, aunque fuese de penalti.
El Barcelona es así. Incapaz de marcar cuando ofrece su mejor versión, su fútbol más preciso, ayer resolvió pese a jugar a trompicones. A diferencia de otros visitantes del Camp Nou, el Mallorca no se sintió abrumado en ningún momento. Llegó a empatar y con 3-1 tuvo arrestos para volver a meterse en el partido. No lo consiguió, pero se marchó con un resultado digno.
Los dos equipos tuvieron un enemigo inesperado, un viento fortísimo que hizo dudar muchas veces a los jugadores. Según la zona del campo, a veces el balón quedaba frenado o salía disparado. Se le notó especialmente a disgusto al Barcelona, que rara vez logró ejecutar su clásico rondo con precisión y velocidad.
Pedro desatascó el partido muy pronto, al culminar un lujo de Ibrahimovic, que filtró el balón entre la telaraña defensiva con un sutil taconazo. El empate hizo dudar durante un rato al Barça, pero de nuevo Pedro acudió al rescate y, poco después, Henry culminaba una acción de estrategia. La segunda parte aportó poco más que los goles de Messi y Keita, muy al final.