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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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POR PEDRO RAMOS Desde siempre se les ha querido ningunear. Probablemente, sea una mentalidad adquirida desde bien niños. En época colegial, el menos hábil con el balón en los pies, el menos claro de cara al gol o el más gordito acababa siempre de portero, que era donde menos molestaba. Incluso en los sesudos comentarios en prensa, radio y televisión se desprecia esa demarcación. Se han escuchado centenares de veces comentarios del tipo: tal equipo tenía tan sólo equis «jugadores de campo» más el portero. Como si el portero no saliera al campo. Como si el portero jugara desde la grada o el banquillo. Pero no. El portero también cuenta. El guardameta también existe y tiene una función y un papel determinado y determinante. No hace falta remontarse a Zamora, ni siquiera a Iríbar o a Arconada. De unos años hacia acá el fútbol español en general y el Real Madrid en particular tiene el honor, el orgullo y el privilegio de contar con Casillas. San Iker, para algunos. La pesadilla, para otros. Para todos sus compañeros, un seguro de vida, tanto en el equipo blanco como con la «roja». A los rivales les saca de sus casillas. En cualquier caso, Iker es bueno. Muy bueno. Que acuda a las portadas de los diarios y aparezca en los resúmenes de televisión de vez en cuando no es malo. Si lo hace bien, es justo que se le reconozca. También juega. También tiene derecho a su trozo del pastel. En el derbi madrileño volvió a reivindicarse. Dicen que Casillas salvó al Madrid. Sí, pero no. San Iker resultó tan providencial con alguna de sus paradas como Kaká con el primer gol, Marcelo con el segundo o Higuaín robándole la cartera a Perea en el tercero. Todos son buenos. Así se hace un equipo.
Aquella famosa campaña publicitaria del Gobierno español para concienciar del pago de impuestos en la que se acuñaba la frase de «Hacienda somos todos» ha debido de quedar en desuso. Será que la crisis ha vuelto a la ciudadanía más insolidaria. Y, además, ni se sonrojan en reconocerlo. Los que más ganan todavía se quejan y, además, amenazan. La Liga de Fútbol Profesional (LFP) convocó una asamblea general extraordinaria para analizar el acuerdo de los grupos parlamentarios para modificar el régimen fiscal de los extranjeros residentes en España que ganen más de 600.000 euros anuales. El cambio de normativa, que entrará en vigor el 1 de enero próximo, obligará a los trabajadores desplazados a España con rentas superiores a 600.000 euros anuales a tributar el IRPF de no residentes al tipo general, el 43%, y no al del 24%, como sucedía hasta ahora. Pues bien, después de una amenaza de huelga, tras la asamblea los equipos han decidido negociar con el Gobierno porque se quejan de que, con esos tipos impositivos, las grandes figuras no vendrían a la Liga española. No dicen, sin embargo, que esos mismos impuestos son los que se pagan en otros países europeos y los que pagan los españoles en España. Es decir, que si una megaestrella futbolística decide no venir a la Liga española no es por los impuestos, sino porque no vería atractiva la oferta deportiva o sería insuficiente la económica. Es más, esta ley afecta a muy pocos futbolistas, con lo que la amenaza desproporcionada de la LFP está fuera de lugar. Y también está fuera de lugar la negociación con la Administración del Estado. El feo que les está haciendo el fútbol a otras actividades y trabajadores raya la desfachatez.
Llegó como el gran goleador que debía hacer olvidar a Eto'o. Pese a estar en los puestos cabeceros de la tabla de anotadores, a su equipo se le achacaba haber perdido el olfato goleador de la temporada pasada. Ibrahimovic no tiene el instinto asesino -deportivamente hablando, claro- que tenía el camerunés. Eso sí, el sueco llegaba precedido de unos números anotadores que en Can Barça permitían soñar con repetir la temporada triunfal del año anterior. Pero no están saliendo las cosas como tenían previsto. El alto y espigado jugador azulgrana está como el equipo, irregular. No domina con autoridad en la Liga española y sufre en la Liga de Campeones. Necesitaban el uno y los otros un carro de autoestima que alejara fantasmas y desactivara el runrún del archifamoso «entorno». Pues bien, Ibrahimovic tuvo que reinventarse y volverse del revés. En la goleada al Mallorca fue protagonista por un lujo técnico con taconazo incluido que permitió a Pedrito -perdón, desde que marca goles con el primer equipo ya le llaman Pedro- abrir la cuenta ante el Mallorca. No ha conseguido hacer olvidar a Eto'o, pero es bueno este Ibrahimovic, aunque también es feo y, sobre todo, es alto, muy alto.
Hay altos. Hay guapos. Hay feos. De todo hay en la viña del Señor. Hay quien está conforme con lo que tiene. Hay quien aspira a más. Y también hay quien se queja. Muchos se quejan. Unos, sin razón; otros, con ella. Entre ellos, Rafa Nadal, por el intensísimo calendario tenístico que viene aguantando desde hace años y que le ha pasado factura esta temporada en forma de lesiones continuadas. Según un estudio publicado recientemente, Nadal es el deportista español de alto nivel con más días de competición por temporada. Por ejemplo, el año pasado jugó 114 partidos oficiales de tenis, unos 12.120 minutos sobre la pista, sin contar los entrenamientos. Otro español en la élite, el ciclista Alberto Contador, es el que menos días de competición tiene sobre sus espaldas. Tan sólo 54 días ha completado el bicampeón del Tour, si bien su media es de cuatro horas sobre un sillín, es decir, 11.340 minutos. El piloto de Fórmula 1 Fernando Alonso y el motociclista Jorge Lorenzo compitieron en diecisiete grandes premios; tres días de máxima competición en cada circuito, más o menos 6.120 minutos. Pau Gasol, flamante ganador de la NBA y ya en posesión del preciado Anillo, jugó la temporada pasada 113 partidos de baloncesto, pero en minutos de competición son 4.161, lejos de los invertidos por Nadal o Contador. Cada uno ha escogido el deporte que más le gustaba y más le apasionaba. Son buenos y lo demuestran. Pero nunca llueve a gusto de todos. Unos deportes exigen más riesgo. Otros, más esfuerzo. Algunos están muy bien pagados, al contrario que otros, que lo están menos. En ese ranking de ganancias, que no de esfuerzos, el asturiano Fernando Alonso aparece con 40 millones de euros, publicidad incluida. Le sigue Pau Gasol, con 23 millones, de los cuales parte corresponde al bocado publicitario; Rafa Nadal acumuló unas ganancias en 2008 de 12 millones de euros, y, sin meternos en el mundo del fútbol, Jorge Lorenzo totalizó 4,5 millones de ingresos por renovar con Yamaha, y Alberto Contador, 3 millones por romperse las piernas en el Tour de Francia y otras carreras menores. En fin, corramos un tupido velo, que luego viene Hacienda con la rebaja. Pobres.
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