JORDI AGUT / MARC AMPOSTA
Veintiún años después de la llegada de Johan Cruyff a Barcelona para entrenar al equipo azulgrana, todo el mundo coincide en que su manera de entender el fútbol representa el signo de identidad del club. El técnico holandés cambió la manera de jugar del equipo e introdujo una serie de variantes que son la fuente de la que han bebido los entrenadores que han pasado posteriormente por el banquillo barcelonista, salvo algunas excepciones. Los éxitos de Rijkaard y de Guardiola, alumnos aventajados suyos, y los muchos jugadores que el primer equipo ha aprovechado de una cantera en la que todos juegan de la misma forma son su herencia.
Pese a ello, del primer Cruyff entrenador y del Dream Team que ganó cuatro ligas y una Copa de Europa al Barça del triplete de Guardiola hay algunos cambios y ciertas evoluciones necesarias, ya que el fútbol que se practicaba a principios de los noventa y el actual no es el mismo. El juego de toque, de posesión y de ataque del Barça se ha endurecido y, pese a que continúa siendo un equipo ofensivo, se trata de un conjunto hecho de atrás hacia adelante, en el que los delanteros son los primeros defensas y en el que los hombres de la cobertura tienen que jugar lo más adelantados posible para juntar líneas y poder combinar. El abecé del juego de Cruyff de 1988 es el mismo que el de ahora, pero con diferencias tácticas evidentes. La filosofía sigue siendo la misma: el equipo se defiende atacando y escondiendo el balón al rival.
Al llegar, el técnico holandés sorprendió a todos con un sistema 3-4-3 con el que quería poblar el centro del campo y la delantera. La manera de jugar era atrevida y sorprendente. Los tres defensas no eran utilizados ni por el Ajax que ganó tres Copas de Europa a principios de los setenta ni por la selección holandesa que maravilló en el Mundial del 1974. Pese a ello, en el Barça lo hizo así y se inventó un medio centro constructivo, entonces Luis Milla, que era el encargado de sacar el balón jugado y juntarse con el centro del campo. En el centro del campo, volantes constructivos y un mediapunta como Bakero. Y delante, dos extremos, alguno de ellos arietes reconvertidos como Lineker o Salinas, y un delantero centro.
Al segundo año, la llegada de Koeman le permitió que el único central fuera ofensivo y sacara el balón jugado, pero le quitaba contundencia atrás. Por ello, a medida que iba pasando el tiempo lo juntó a un central y pasó a defensa de cuatro, con dos laterales rápidos (Ferrer y Juan Carlos primero, Ferrer y Sergi más tarde). Milla se fue y llegó Guardiola, otro medio centro constructor. Delante, los dos hombres clave eran Laudrup y Stoichkov. El danés jugó la mayor parte del tiempo de falso delantero centro, una posición que Messi frecuentó a finales de la temporada pasada. El búlgaro partía desde el extremo pero era muy vertical, con mucho gol.
Con este juego, Cruyff ganó tres ligas y la Copa de Europa. En el último año del gran Dream Team, sin embargo, cambió. Fichó a Romario, delantero centro estático. Ahora los centrales rivales tenían una referencia, pero el extraordinario estado de forma del jugador en la temporada 1993-94 posibilitó que, pese a una gran irregularidad y a tener que remar contra corriente en la Liga, ésta se ganara en el último partido y se llegara a la final de Atenas.
El Dream Team se acabó, básicamente, porque las estrellas bajaron su nivel al año siguiente, los recambios no eran mejores y cuando Cruyff intentó construir otro equipo, basado en jugadores de la cantera como De la Peña, los hermanos Óscar y Roger, o Celades, faltaban estrellas que dieran el toque de calidad necesario al equipo. El técnico holandés creyó que él estaba por encima de la calidad de los jugadores y que podía moldear los fichajes para convertirlos en cracks mundiales.
Después de etapas de rotura con el pasado, como la de Robson, o de escuela holandesa en el dibujo pero adaptada a las muchas estrellas del equipo (Van Gaal), y de cinco años de sequía, llegó Rijkaard. Después de unos primeros meses de experimentos dio con la tecla y concibió un equipo con el dibujo de Cruyff, pero con particularidades y el rigor aprendido de sus muchos años de jugador del Milán en la rocosa Liga italiana.
El esquema del gran Barça de Ronaldinho era un 4-3-3 prácticamente igual que el actual. Un central marcador y otro con toque de balón. Puyol, rápido, debía cubrir la espalda de Márquez, el heredero de la figura de Ronald Koeman en el Dream Team. Junto a ellos, dos laterales de largo recorrido: Belletti por la derecha y Van Bronckhorst por la izquierda. Los defensas que cubrían las bandas tenían más vocación y calidad ofensiva que defensiva. Algo que ya buscó Cruyff una década antes cuando ubicó a Goikoetxea, un extremo, como lateral.
La gran diferencia con Cruyff residía en el hecho de que ahora el medio centro era rocoso, fuerte y más recuperador de balones que distribuidor. Fue vital para este giro la cesión de Edgar Davids durante media temporada, la de la reacción del equipo en la temporada 2003-2004. El Pitbull no siguió pero entonces se fichó a Edmílson para esta misión. Su grave lesión de rodilla la temporada 2004-05 provocó que Márquez jugara allí (otro central reconvertido al centro del campo). En su último año en el banquillo, se fichó a Touré. El medio centro era ahora un escudero de los volantes creativos, como Xavi, Deco, Iniesta o, en menor medida, Van Bommel el año del doblete Liga-Champions (2005-06). Este cambio fue fundamental para que Xavi, criado como un clon de Guardiola, adelantara su posición 20 metros en el cambio y pasara a construir asistencias de gol en lugar de iniciar las jugadas.
Delante, de la misma manera que hizo Van Gaal con Rivaldo, Rijkaard colocó a la estrella, Ronaldinho, a la izquierda para que desequilibrara. El delantero era Eto'o y, si éste no estaba, Larsson, dos hombres diferentes pero ambos muy móviles. Por la derecha se abría el campo con Giuly. La llegada de Messi provocó que este extremo abierto se reciclara por otro a pierna cambiada para entrar por el centro. Con el tiempo, el desequilibrio se desplazaría a la derecha.
El equipo de Rijkaard murió de éxito y de autocomplacencia, lo que provocó un cambio. Guardiola, sin embargo, fue lo suficientemente listo para provocar una ruptura con las estrellas del pasado que ya no rendían (Ronaldinho y Deco, y Eto'o si lo hubiera podido vender) pero no con una manera de jugar que ya seguían todos los equipos de Barça. La del toque, la posesión y el ataque con jugadores abiertos, igual que Cruyff. Pero ahora se combinaba con una gran presión en ataque y el achique de espacios de Rijkaard. Además, aplicó una cultura del trabajo y una voracidad por ganar y destrozar al rival que derivaron en el temporadón del triplete.
El técnico catalán se quedó con un hombre que para él era esencial para sacar el balón, Márquez. Y se encontró con un regalo inesperado para suplir las bajas del mexicano: Piqué. Ahora tenía la posibilidad de juntar a dos centrales constructivos, a los que ha añadido esta temporada a Chygrynskiy.
La táctica de Guardiola sigue siendo un 4-3-3, igual que con Rijkaard. La gran diferencia estaba en el centro del campo: el técnico holandés se atrevía poco a juntar a Xavi e Iniesta junto a un destructor. Guardiola, en cambio, los puso al lado de Touré o Busquets, los destructores, y el equipo no se partía como sucedía en el ocaso de la era Rijkaard. Delante, la insistencia brutal en la presión de Eto'o provocaba jugadas de ataque rapidísimas y el ahogamiento del rival. La calidad de un renacido Henry hacían el resto.
Para la presente temporada, el cambio de Ibrahimovic por Eto'o provoca un efecto parecido al de Romario en el Dream Team. El sueco no es tan móvil como el camerunés y no puede caer tanto a la banda, lo que provoca un embudo que aún no se ha acabado de solucionar en partidos en los que el rival se cierra. Además, algunas lesiones no han dejado al Barça llegar al nivel del año pasado.
Del Barça de Cruyff, por tanto, queda el espíritu, la posesión, el dominio y el carácter ofensivo, además de la salida del balón desde atrás y el juego con extremos, aunque estos no sean como los de antes, de llegar a la línea de fondo y centrar. Rijkaard y Guardiola, con experiencia italiana ambos como jugadores, han sabido dar a esta idea un toque de presión y de fuerza, de dar más importancia a la parte defensiva y dotar al conjunto del juego físico que exige el fútbol actual.