Oviedo, Mario D. BRAÑA
Saúl Cofiño siempre fue muy emprendedor. Falta le hacía para destacar en el deporte que eligió, o que le animaron a elegir en casa. Porque llegó a la gimnasia casi por inercia, de tanto acompañar a su hermana mayor al Grupo Covadonga. Una vez allí fue uno de los pioneros en demostrar que no era un terreno exclusivamente femenino. Y, como culminación de sus retos, acabó en el selecto grupo de gimnastas concentrados en la Residencia Blume, el único que rompió el eje Madrid-Barcelona en los Juegos Olímpicos de Sidney.
Cofiño hizo historia junto con los compañeros que lograron la primera clasificación olímpica de España en la competición por equipos. Un salto de calidad que muchos atribuyeron a las figuras del momento, Jesús Carballo y Gervasio Deferr, algo que siempre endemonió al gijonés. Ya en aquel momento decía alto y claro que él no estuvo en Sidney por la lesión de Carballo: «Tenía mi plaza asegurada. Cuando se confirmó el problema en la rodilla de Jesús entró por él otro compañero».
Según Cofiño, todo esto tenía que ver con el entorno del equipo, que favorecía a los gimnastas madrileños y catalanes. Para él, la mejor prueba de que contaba para los técnicos es que en Australia compitió en los seis aparatos. Y asumió responsabilidades: «Me tocó abrir en una serie de aparatos, con lo que eso supone de cara a los jueces». Lo hizo, además, condicionado por la lesión que sufrió en un dedo de una mano un día antes de viajar a Sidney: «Por suerte, los médicos no localizaron bien lo que tenía y, a base de voltarén y antiinflamatorios, pude competir».
En general, Cofiño acabó contento de su participación olímpica, con algún pero: «Cometí un par de errores que me costaron la final individual, cuando estaba capacitado para quedar entre los veinte primeros». Esos deslices, unidos a los de sus compañeros dejaron a España en el undécimo lugar: «Íbamos con la idea de ser, por lo menos, novenos, pero fue meritorio teniendo en cuenta que era la primera vez que España clasificaba al equipo masculino. Teníamos una media de edad de 21 años y pagamos la novatada».
Saúl Cofiño regresó de Australia convencido de que aquella experiencia le vendría muy bien cuatro años después, en Atenas, en unos Juegos a los que llegaría con la edad ideal para un gimnasta. Pero todo se torció unos meses antes: «Andaba con problemas en un codo y tardaron en detectarme una degeneración ósea en la cabeza del cúbito. Estuve bastante tiempo sin poder hacer ningún tipo de actividad física. Volví en enero de 2004, pero ya no tenía posibilidades de entrar en el equipo. Dejé de entrenar tres meses antes de los Juegos y precipité mi retirada».
Así que la experiencia olímpica de Cofiño quedó reducida a Sidney 2000, aceptable en lo deportivo e inolvidable como referencia para cualquier deportista. «Me he quedado con ganas de más Juegos, pero no me puedo quejar. Ser olímpico me ha abierto muchas puertas y me siento orgulloso de haber podido vivirlo».
Disfrutó, por ejemplo, de la villa olímpica y lo que supone de convivencia con todo tipo de deportistas: «Es una pasada porque un día puedes comer al lado de Pau Gasol y al siguiente de Marion Jones». Sidney le dejó también una anécdota de despedida: «El último día salimos a la zona de la Ópera, pero para pasar al puerto era necesaria la acreditación. Al darse cuenta, una persona muy amable me dejó su móvil para que llamase a la villa y me la trajese alguien. Me sonaba mucho su cara y cuando se lo devolví, al darle las gracias, me di cuenta: era Ian Thorpe».
Desde 2004, Cofiño ha dado salida a su espíritu aventurero. Se marchó a León para trabajar en las escuelas deportivas y acabar de «croupier», trabajo que le llevó en 2007 hasta el Casino de Barcelona. Allí sigue, pero de nuevo dedicado a lo suyo, ya que finalizó la carrera de INEF y, a la espera de las oposiciones, ha vuelto a la gimnasia: «Me han ofrecido coordinar una sala de gimnasia en el polideportivo del barrio de La Mina, un proyecto del Consell de Sports y del Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs».
Saúl Cofiño Arena
Nació el 12 de julio de 1978 en Gijón. Empezó a practicar gimnasia con 8 años en el Grupo Covadonga, con Benjamín Bango. A los 17 se traslada a Burgos y más tarde a Madrid, en la concentración permanente de la selección española. En la Blume le entrenó Marco Antonio Vázquez y después el cubano Héctor Ramírez. Participó en el Campeonato del Mundo en el que el equipo español de clasificó para Sidney. España acabó undécima y Cofiño en el puesto 43 del concurso individual. Bronce por equipos en los Juegos Mediterráneos de Túnez 2001. Actualmente vive en Barcelona, donde coordina un proyecto gimnástico.