Alcalá de Henares (Madrid),
Miguel L. SERRANO
Se preguntaba un incrédulo aficionado local en la grada del coqueto municipal Virgen del Val, octogenario él, lo siguiente: «¿Y esto es el famoso Oviedo? Si no tienen nada». En ese momento, no se llegaba al minuto 20 de la primera parte. Sí, de la primera parte.
Hay veces que las preguntas contestan. ¿Qué, qué tal el Oviedo ayer? Basta con remitir a la cuestión lanzada por aquel entrañable espectador, puro en mano y transistor a cien. Porque el espectáculo ofrecido ayer por los asturianos en Alcalá de Henares fue otro capítulo de mediocridad, una vuelta a la vulgaridad que se creía superada. Los azules perdieron contra un grupo en construcción que transitaba alicaído en los puestos de descenso. La derrota, dolorosa donde las haya, tuvo dos pilares fundamentales: la desastrosa y lamentable primera mitad y la inadmisible falta de definición en los últimos metros. Tras la reanudación, con el resultado adverso y el Alcalá por fin encerrado, los oviedistas desaprovecharon tres manos a manos clarísimos: uno de Gonzalo, otro de Jandro y el último de Xavi Moré. Pudieron los oviedistas besar la gloria pese a todo y acabaron regocijándose en el polvo de la lona. A falta de puntería... derrota que te crió, claro. Y encima, para más inri, el gol local lo «metió» Mario Prieto en propia. Cruel guinda a la pésima actuación del jugador.
Ausente Miguel, fueron Manu Busto y Rayco los elegidos para el ataque. Dos mediapuntas más bajos que altos para pelearse con los grandullones centrales. Quería Pichi Lucas apostar por la combinación en vez de por el cuerpo a cuerpo, sabedor de que la batalla aérea estaba perdida. Pero su homólogo también lo vio y ahogó la salida de los asturianos impidiéndoles trenzar nada.
Total, que en la primera parte el Oviedo, dominado de principio a fin, fue una calamidad: sin actitud, sin movimientos, sin trabajo, Apáticos e indiferentes, a los jugadores les duraba segundos el balón. Nerviosos e imprecisos, no daban una. Mal en defensa, excesivamente permisivos; peor en el centro donde Mario Prieto y Curro perdían cada bola que tocaban y ausentes en ataque. Sólo una falta de Ania que se coló por debajo de todas las piernas y se perdió lamiendo el poste inquietó un poco al meta local.
Cómo sería que a la veintena, tras el gol en propia de Mario Prieto al cabecear sin querer una falta lateral botada por Nene (minuto 11), ya calentaban en la banda Jandro y Rubén García. El Alcalá, en ventaja, gobernó el encuentro plácidamente en este primer acto con su baza aérea como única alternativa. No apretó en exceso: córneres, faltas y más córneres. Y con Nene, un habilidoso y peligroso extremo, el mejor del partido, de largo.
Avergonzados por los continuos gestos de desaprobación de su técnico desde la banda, el Oviedo reaccionó tras el intermedio con la entrada de Jandro en punta y Rubén García en el medio. Sufrió al principio cuando Nene se plantó ante Aulestia y le pegó desviado con todo a favor (minuto 51) y después de dos lejanos chuts de Garci y Jaime. El escudo gritó entonces ¡basta! y la caraja se apartó. Comenzaron a asediar y a arrinconar a su rival. Y llegó la primera: falta de Curro fuerte y seca, despeje de Rubén Martín y Gonzalo, en inmejorable posición, a milímetros del área pequeña, la echa fuera. Ver para creer. (minuto 65)
Todo por empuje, sin referencia en ataque y dándole paso a la anarquía, la volvió a tener el Oviedo al poco, cortesía de los recién incorporados. Excelente asistencia de Rubén García para la carrera de Jandro, que se planta ante el meta, solo, y le da otra vez desviado (minuto 75) ¿Y el Alcalá? A verlas venir. Pero no hubo dos sin tres. Xavi Moré completó la trilogía de despropósitos largando a la red exterior una carrera en solitario que le había dejado solo ante Rubén Martín (minuto 78). No quería entrar la pelota, quizá por venganza al (mal) trato que le dispensó el Oviedo en el primer acto. El disparo postrero de Nene al larguero desde 30 metros quedó en anécdota; su equipo ganaba después de dos meses.