JUAN J. ALONSO
Introducción humorística. En el partido que jugaron Los Otros contra el Atlético de Madrid, los comentaristas de La Sexta presentaron el nuevo proyecto del Ser Superior Pérez como un conjunto de grandes fichajes y... ¡cantera! Muy bueno. Sí, el Museo del Prado también es un conjunto de grandes artistas y jóvenes pintores de la cantera. Además, los mismos comentaristas-humoristas de La Sexta dijeron que Lass, ese correcaminos atareado que va de acá para allá apagando fuegos y atropellando contrarios, es un... ¡espectáculo! Genial. Robocop o Mazinger Z no serían malos jugadores de fútbol pero, desde luego, no serían un «espectáculo». El juego de LassCop tiene el mismo atractivo que contemplar durante 90 minutos a un leñador o sentarse a ver cómo un grupo de obreros cavan una zanja, con la diferencia de que al leñador y a los obreros maldita la gracia que les hace tener mirones).
Y ahora vamos con el Barça, ese equipucho que golea sufriendo, no tiene grandes jugadores, no confía en la cantera y no es un espectáculo. Parece que seguimos en el Club de la Comedia de La Sexta, porque el Barça ganó 4-2 al Mallorca y la conclusión de la prensa deportiva imparcialmente blanca es que, ay, el Barça no es el mismo equipo del año pasado. Jugamos peor, marcamos menos goles, la defensa no está fina, echamos de menos a Eto'o y los trajes de Guardiola no son lo que eran. El Barça es líder, sí, pero no convence, no enamora, no arrolla y no bla, bla, bla. Concedamos que todo es cierto, para seguir con la broma. Lo que nadie dice es que los rivales del Barça sí son los mismos del año pasado, porque todos siguen jugando igual. Defender. Presionar. Orden. Concentración. Y, si se puede, pelotazo a seguir a ver si les pillamos en un contraataque. Las únicas novedades de esta temporada es que ahora los rivales del Barça (el entrenador del Rubin Kazan, por ejemplo) piden ayuda a Dios de forma «ostentórea», como diría Jesús Gil, y se esfuerzan por tener más fe en que es posible ganar al Barça no jugando al fútbol.
La oración no es más que un egoísmo refinado, así que no merece la pena hablar del entrenador del Rubin Kazan. Otra cosa es la fe en el antifútbol como receta antiBarça. El Mallorca se esforzó por tener fe, pero tuvo cinco minutos tontos y perdió el partido. Es lo que tiene la fe futbolística, que casi siempre pierde 4-2 con la razón. Que pase el siguiente.