MELCHOR FERNÁNDEZ DÍAZ
Puede resultar interesante comparar el partido de ayer en El Molinón con idéntico encuentro de la pasada temporada. Fue apenas hace siete meses. En aquella noche de abril el Espanyol, que, de la mano de su nuevo entrenador, Pochettino, libraba una batalla aparentemente imposible para intentar salvarse del descenso, endosó a un Sporting que poco antes gozaba de una posición desahogada en la clasificación un doloroso 0-3. La memoria todavía está reciente y, por si acaso, las notas la refrescan. En aquel partido los españolistas tiraron apenas tres veces a puerta y marcaron otros tantos goles. Ayer ocurrió lo contrario, sobre todo en el primer tiempo, cuando el Espanyol tuvo hasta cinco ocasiones clarísimas y no consiguió marcar ningún gol. Al Sporting, en cambio, le fue suficiente con aprovechar la primera de que dispuso, apenas comenzado el partido. Los dos partidos, el de abril y el de ayer, tuvieron algo en común: en ambos el Espanyol jugó mucho mejor que el Sporting. Pero las consecuencias fueron diferentes. De aquel partido de abril el Sporting, que lo perdió, salió muy tocado, porque empezó a asomarse al abismo. Del de ayer, en cambio, tras ganarlo, sale consolidado en una posición de privilegio.
¿Qué ha cambiado, entonces? Primero hay que mencionar la suerte, que siempre influye y en el fútbol, muchísimo. El Espanyol no la tuvo ayer. El larguero devolvió un remate cercano de Luis García y a Iván Alonso se le marchó fuera por centímetros un remate que todo el mundo vio dentro. También influyó el acierto. Hace siete meses Nené no necesitó de ninguna gran jugada previa de su equipo para lograr el gol que encarrilaba el partido. Le llegó un balón y, desde fuera del área, lo colocó sin más dentro de la portería sportinguista con una volea sensacional. Ayer una muy buena combinación de su equipo dejó a Callejón solo ante Juan Pablo, con el balón controlado y por el centro, pero el españolista no logró marcar.
Se lo impidió Juan Pablo, y por ahí empieza otra de las diferencias. Las incorporaciones de esta temporada han mejorado mucho la defensa del Sporting. El portero llegado del Numancia está jugando muy bien y da confianza a sus compañeros de zaga, que a su vez le aligeran de problemas. Al Sporting le han marcado hasta ahora 13 goles menos que en la pasada temporada a estas alturas. Pero es que ya va siendo una tónica que le tiren poco. Ayer no fue la excepción, sobre todo en el segundo tiempo, en el que el único remate a puerta fue un saque de falta de Nakamura. Quienes protegen más de cerca al portero del Sporting lo hacen bien. A los eficaces centrales rojiblancos se les ve mucho, por su calidad, Botía, o por su espectacularidad, Gregory. Pero los laterales están jugando con notable acierto. Lora es valiente y decidido y a esas cualidades añade recursos que le permiten hacer jugadas como la colosal del minuto 55 que pudo terminar en gol si De las Cuevas no se hubiera obcecado en marcar él mismo en vez de trasladarle la opción a Diego Castro, que estaba solo. En cuanto a Canella, cada vez defiende mejor, aparte de conservar unas condiciones como atacante que apenas tiene ocasión de exhibir, pero que ayer mismo se hicieron manifiestas en un fulgurante comienzo de partido.
Pero ese fulgor, muy rentable, porque produjo un gol llamado a ser decisivo, resultó efímero. Casi desde entonces y hasta el final del primer tiempo quien puso el juego fue el Espanyol, muy valiente en la actitud y muy eficaz en los movimientos colectivos, mientras el Sporting recaía en los defectos que le son tan habituales, como el mal escalonamiento de los jugadores, que le impide combinar con fluidez, y, en consonancia con eso, una obsesión por el juego directo que le lleva a perder el balón apenas lo ha conseguido. Esos defectos fueron ayer muy patentes en el primer tiempo porque las insuficiencias colectivas no pudieron ser compensadas con aciertos individuales, pese al esfuerzo de Rivera, que corre muchísimo y ayuda más.
Pero, para suerte del Sporting, ese fracaso en el juego fue compatible con un resultado favorable al final de los 45 minutos y eso le dio una opción más que buena, porque, y eso también parece novedad, el Sporting de esta temporada no se agobia demasiado cuando, por deseo propio o a la fuerza, ha de actuar en plan conservador. Tras mantener por algún tiempo en el campo a dos generales, Verdú y De la Peña, Pochettino puso en manos del cántabro la dirección de la ofensiva contra el Sporting. Pero ésta resultó mucho menos agobiante que la de la primera mitad y, sobre todo, menos peligrosa, pues sólo se concretó, como semiocasión, en un cabezazo desviado de Luis García. El Sporting siguió entregando el balón, pero, a cambio de echarse más atrás, cerró espacios para el ataque del rival y de esa forma minimizó su peligro.
Al final, cuando ya el Espanyol se había desgastado mucho en el infructuoso ataque, el Sporting jugó las bazas que reservaba, algunas un auténtico lujo, como Carmelo.
Tanto el canario como un estupendo Kike Mateo, con ganas de reivindicarse -no ante el público, que le quiere mucho-, como Diego Camacho hicieron en tan poco tiempo una aportación muy estimable, lo que quiere decir que el Sporting tiene recambios y alternativas, como lo es, claro está, el ayer ausente Míchel, al que no hizo olvidar un Matabuena voluntarioso como siempre pero comprensiblemente lento por la inactividad.
Y es bueno que las tenga, porque las necesitará para tratar de conseguir a lo largo de la competición el nivel de juego que necesita. De momento tiene puntos, que es importantísimo, pero a la larga la mejor garantía de la eficacia es jugar bien.
SIN TECHO. Por motivo de las obras El Molinón, que fue en su día el primer campo de España con todas las localidades a cubierto, tiene hoy una parte de su graderío sin techo. Ayer fue el primer partido en el que quienes tienen asiento en el fondo norte debieron afrontar la lluvia sin más protección que la que llevaran consigo. Un par de centenares de valientes se atrevieron al desafío y, cubiertos con impermeables y paraguas, aguantaron el tremendo chaparrón que cayó al comienzo del partido, así como otros aguaceros que vinieron después. A eso se llama mojarse por el equipo. También se mojaron las dos docenas de ultras españolistas confinados en el corralito del córner. Y quizá se mojaron más, porque daba la sensación de que, con ese desdén que algunos jóvenes de ahora muestran hacia las inclemencias del tiempo, iban poco o nada pertrechados contra la lluvia. El agua cayó para todos, pero al final sólo para los seguidores del Sporting fue agua bendita.
BILIC. Apareció relampagueante en la jugada del gol, cruzándose de forma decisiva ante el tiro de Diego Castro. Luego las exigencias del partido le obligaron a cambiar el brillo por el trabajo oscuro. Y lo hizo con la máxima eficacia. En una posición muy ingrata, por soledad, peleó mucho y bien. Ganó numerosos balones, realizó apoyos, hizo pantallas. Se sacrificó y siempre con sentido. Hizo un muy buen partido.
JUAN PABLO. Llegó, supuestamente, como número 2 para la portería, pero se ha hecho con la titularidad a base de demostrar que es un portero muy solvente. Su mejor cualidad es que domina un radio de acción muy amplio en torno a su portería. Lo hace gracias a su concentración, su decisión y su rapidez. Hasta ayer se había podido comprobar que manda en el área, tanto en el suelo como en el cielo. Ayer quedó claro que es capaz de salir hasta muy lejos y llegar a tiempo. Hasta tres veces lo hizo en el primer tiempo para cortar otras tantas escapadas españolistas, en intervenciones que quizá fueron decisivas. En dos llegó al balón. En la otra tuvo la habilidad de engañar a Callejón sin hacerle falta -hubiera supuesto su expulsión- para que perdiera el rumbo de la portería.