MELCHOR FERNÁNDEZ DÍAZ
La Copa es otra cosa. Hasta para el Real Madrid. Mientras en el Bernabeu se consumaba el Alcorconazo, en El Molinón saltaba el Decanatazo. El equipo más antiguo de España se alzaba con una eliminatoria que desde la ribera rojiblanca algunos veían antes del partido de anoche como un trámite a despachar tras el buen resultado conseguido por el Sporting en Huelva.
El comienzo del partido pareció confirmar por completo esa previsión optimista. El Sporting marcó en su primera llegada, antes del minuto 2. Y luego siguió llegando con una frecuencia nada habitual, conducido por un Kike Mateo con muchas ganas y con la colaboración especial de un Maldonado por fin suelto e inspirado. Pero, a pesar de las ocasiones que creó, no amplió la diferencia. Desaprovechó su momento, algo parecido a lo que le había ocurrido en el mismo escenario al Espanyol dos días antes. Y de pronto una jugada aislada del Recreativo, con una hábil maniobra de Pablo Sánchez por la derecha, terminó con un centro al área pequeña que Barriales entró a cabecear valientemente para obtener merecidamente el premio máximo del gol. Lo que Barral había dado, Barriales lo quitaba. Y justo en ese momento, minuto 29, comenzaba otro partido. Igualada la eliminatoria y anulada la tan valorada ventaja del gol marcado fuera de casa, el Sporting empezaba a tener un problema.
Pudo resolverlo si en el minuto 43 el larguero no hubiera devuelto un precioso disparo con la zurda de Diego Camacho desde fuera del área, uno de esos detalles deslumbrantes con que a veces el medio rojiblanco es capaz de iluminar un partido. Pero el disparo, que había superado con precisión milimétrica la posición adelantada de Bernardo, no entró y con el rebote se le fue al Sporting su última gran oportunidad.
Ya para entonces su ritmo había bajado. Kike Mateo perdía frescura, Maldonado se empezaba a oscurecer y, sobre todo, el medio campo rojiblanco se mostraba inconsistente, todo lo contrario que el del Recreativo. Los onubenses no atacaban mucho, pero al menos conseguían que los locales no llegaran arriba con la facilidad con que lo hacían al principio. Y el partido comenzó a espesarse. Preciado intentó aligerarlo con las sucesivas entradas de Carmelo, De las Cuevas y Luis Morán. Pero entonces se encontró con que lo que faltaban eran cabeceadores para buscar los balones altos que cruzaban el área andaluza. A cambio, el Recreativo había ganado en consistencia con la entrada de Aitor. Al comienzo de la prórroga una colada de José Ángel por la izquierda terminó en un buen centro raso al que se adelantó Barral. Pero esta vez no pudo conectar el remate, como había hecho con el centro de Pedro al principio del partido, pues se le anticipó Gallardo. Y el partido, siempre con más tensión que calidad, se abocó a los penaltis, con los que el Sporting tiene una especie de gafe histórico.
El maleficio se confrmó una vez más en la portería del Piles. Cuéllar le paró un lanzamiento al ex sportinguista Javi Fuego, tan trabajador como siempre. Pudo ser decisivo, pero por el Sporting fallaron las figuras, como suele ocurrir tantas veces en ese trance. De las Cuevas mandó el balón al larguero y Carmelo, al poste, previo desvío del tranquilo Bernardo. Todo quedó entonces en las manos -en los pies- de Aitor, uno de los tres ex jugadores del Sporting que vestían ayer de blanquiazul (el otro era Adrián Colunga). Del Aitor que llegó al filial del Sporting hace quince años al de ahora han cambiado algunas cosas. La más aparente, su aspecto, porque antes lucía una abundante cabellera de lacio pelo negro y ahora disimula la alopecia con un rapado total. Pero sigue teniendo una buena zurda y es un trabajador concienzudo y con recursos. Anoche, como buen veterano, controló los nervios, aguantó más que Cuéllar y colocó el balón dentro de la portería. Tuvo el detalle de no celebrarlo. Pero el Decanatazo estaba consumado.